MARCO DE REFERENCIA PARA EL TRABAJO EN EL ENCUENTRO TUCUMÁN  - ARGENTINA - 1998

IDENTIDAD DE LOS GRUPOS

MISIONEROS EN LA ARGENTINA DE HOY

 

Sumario

Presentación

I. DOCILIDAD AL ESPIRITU SANTO.

II. PERTENENCIA A LA IGLESIA.

III. SERVICIO EVANGELIZADOR.

IV. PROYECCIÓN MISIONERA ("AD GENTES")

 

 

Presentación:

1.- El objetivo general del 20 Encuentro Nacional de Grupos Misioneros es: Profundizar la identidad y consolidar la eclesialidad de los grupos misioneros, favoreciendo su integración a la comunidad de origen y destino.

l CONAMIS (Consejo Nacional para las Misiones), en su tarea de servicio a los grupos misioneros, han dado ya algunas pautas que definen la identidad de los grupos misioneros en la Iglesia. Estas pautas, que serán la base del trabajo en Tucumán, son las siguientes:

La identidad de los grupos misioneros se define por:

Así, el trabajo de Tucumán se organizará en cuatro temas, vinculados a los cuatro puntos que se desprenden de la anterior presentación. Los temas son lo que figuran en el sumario de la página siguiente.

Esperamos que este aporte para la preparación del Encuentro, para apoyo de los coordinadores, durante el mismo, y finalmente, para profundizar sobre la identidad de los grupos misioneros, después de él.

Comisión de Temario

Tema 1

  1. DOCILIDAD AL ESPÍRITU SANTO

Referencias bíblicas 1:

Referencias magisteriales:

1 Todas las veces que aparece el apartado "referencias bíblicas y "referencias magisteriales" se entiende que se aportan algunos aspectos más sobresalientes, sin querer agotar las referencias.

 

JESÚS POSEE Y DA EL ESPÍRITU SANTO

3. Cristo es el Ungido. "El Espíritu del Señor está sobre mi" (Lc 4, 18) dice en la sinagoga de Nazareth. El Espíritu Santo en la Unción de Jesús, porque lo penetre hasta lo íntimo. Ya tiene esta presencia desde el momento de la Encarnación, ya que ésta se produce por obra del Espíritu (Lc 1, 35), pero se manifiesta visiblemente en el Bautismo. (3, 22)

Jesús no sólo posee en plenitud el Espíritu Santo sino que lo promete a sus fieles (Jn 14, 16-17) y lo comunica una vez glorificado (Hch. 2). Esta presencia del Espíritu será la que recuerde a los fieles las enseñanzas de Cristo, les haga presentes a Cristo, y preceda y acompañe la acción de la Iglesia.

EL ESPÍRITU SANTO OBRA EN LA IGLESIA

4. Si bien Jesús da a los apóstoles el "mandato" misionero, ellos no están solos. Jesús promete su asistencia que se da a través del Espíritu Santo. Esto es fundamental: cuando Pedro o Pablo predican el Evangelio, es el Espíritu quien mueve a sus oyentes a convertirse.

Pero el protagonismo del Espíritu Santo no sólo se dan en los oyentes, en los destinatarios, sino también en los agentes de la misión: los apóstoles, los enviados, la comunidad primitiva. Por eso vemos a la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles (como señala el Papara en R. Mi. 24), "guiada" por el Espíritu Santo. En efecto:

EN LA IGLESIA DE HOY...

5. No sólo en la época de los apóstoles, sino en forma permanente, Cristo está soplando sobre su Iglesia el Espíritu Santo, el Pentecostés que comenzó esa mañana en Jerusalén no ha cesado. Si no fuera así, el ser y la acción de la Iglesia estarían vacías:

"Sin el Espíritu Santo, en efecto, Dios resulta lejano, Cristo queda en el pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una simple organización, la autoridad dominio, la misión una propaganda, el culto una simple vocación y la conducta cristiana una moral de esclavos. Pero en el Espíritu Santo el cosmos se eleva y gime en los dolores del Reino, Cristo resucitado se hace presente, el Evangelio es fuerza de vida, la misión es un pentecostés, la liturgia es memorial y espera, y la conducta cristiana queda deidificada" (Ignatios de Latakia)

En la actualidad hay signos de los tiempos, que constituyen llamadas del Espíritu (Cf. GS 11). Algunos son signos consoladores, otros son verdaderos desafíos, pero todos son llamados a una docilidad al Espíritu del Señor y una entrega sin reservas:

LA DOCILIDAD AL ESPÍRITU EN NUESTROS GRUPOS

6. El despertar de numerosos grupos misioneros es también un signo elocuente de lo que el "Espíritu dice a las Iglesias". No es fruto de un proyecto de los obispos, ni de alguna estrategia pastoral: es fruto de la acción del Espíritu en la Iglesia actual.

¿ Cómo deben vivir los grupos en esa docilidad al Espíritu?.

La medida de la docilidad al Espíritu la da Cristo, que se dejó llevar "como oveja al matadero", pero fue glorificado por el Espíritu, para nuestra justificación. La medida también es María, mujer dócil al Espíritu, que acogió en su seno su acción fecunda, acompañó a su Hijo hasta la Cruz y a la Iglesia desde sus comienzos. La medida por último, es la Iglesia primitiva que anuncia el evangelio con toda valentía a los hombres.

Ser dóciles al Espíritu significa, en nuestros grupos:

7. Esto significa tener un empeño serio y decidido por la santificación personal y comunitaria. "Somos templos del Espíritu" y cada comunidad, cada grupo misionero deber ser "el lugar del Espíritu". El Espíritu Santo y Santificador es el artífice de nuestra santidad:

Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. A pesar de la escasez de medios de transporte y de comunicaciones de entonces, el anuncio evangélico llegó en breve tiempo a los confines del mundo. Y se trataba de la religión de un hombre muerto en cruz "escándalo para los judíos, necedad para los gentiles )I Cor. 1, 23). En la base de este dinamismo misionero estaba la santidad de los primeros cristianos y de las primeras comunidades. (R. Mi. 90)

8. Un interés por profundizar en el misterio de Cristo, el Ungido, mediante el estudio de la Biblia, el magisterio y la doctrina cristiana. El interés último de esta formación no es la erudición ("saber más"), sino adentrarse en la relación con Cristo por su Espíritu ("ser más") y así poder comunicarlo a los demás con valiente anuncio ("dar más").

9. Las opciones comunitarias y misioneras de los grupos, las decisiones de acción, se deben tomar "bajo el signo del Espíritu". Es necesario hacer siempre un verdadero discernimiento para descubrir si nuestras opciones son motivadas por el Espíritu de Dios o por nuestro propio espíritu. Para esto es necesario no descuidar la oración personal y comunitaria (dimensión más subjetiva), pero también, no desoír la voz del Espíritu que se manifiesta en las necesidades concretas de nuestros hermanos, y en los signos de los tiempos (dimensión más "objetiva")

10. Puesto que la Iglesia es el "ámbito del Espíritu", es importante que nos sintamos parte de ella, pues somos Iglesia. Manifestamos este sentido de Iglesia cuando: valoramos los otros carismas y servicios de la Iglesia, cuando nos preocupamos por conocer el magisterio de la Iglesia, cuando nos integrarnos a la pastoral orgánica de la parroquia y la diócesis, cuando estamos dispuestos a renunciar a nuestros propios gustos para estar allí donde nos necesitan. Necesitamos obrar como Iglesia y nos "francotiradores". Esto no sólo por razón de eficacia o táctica, sino para manifestar la comunión que quiere Cristo para su Iglesia y que obra el Espíritu.

11. San Pablo dice que "todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo (I Cor. 12, 13). La unidad que genera el Espíritu hace que los cristianos seamos "un solo corazón y una sola alma" (Hch. 4, 32). Y el Apóstol agrega que los frutos del Espíritu son: "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí " (Gal. 4, 22-23), y exhorta a los cristianos con todo su corazón de pastor:

Si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, ... les ruego que hagan perfecta mi alegría permaneciendo bien unidos. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. (Flp. 2, 1-4)

De este modo, seremos signos para el mundo, viviendo el mandamiento del amor, por obra del Espíritu. Como dice Juan Pablo II, "aún antes de ser acción, la misión es testimonio e irradiación. (R, Mi. 26)

 

Tema 2

  1. PERTENENCIA A LA IGLESIA

12. La pertenencia a la Iglesia se concreta en primer lugar en al la comunidad que envía. No interesa descubrir en este punto qué es la Iglesia, cómo nos insertamos en ella y qué es lo propio que tenemos para ofrecerle, ya que es ella quien nos envía a evangelizar.

Referencias bíblicas:

Para dar a entender el misterio de la Iglesia San Pablo nos habla del símil del Cuerpo. La Iglesia es un cuerpo vivo, y todos somos miembros de Cristo. La cabeza del cuerpo es el mismo Cristo. Es más, es necesario que todos los miembros se asemejen a él hasta que Cristo sea formado en ellos.

Así cono el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo.! (I Cor. 12, 12-13)

La doctrina del Cuerpo "místico" sugiere la gran intimidad entre Cristo y el cristiano, entre Cristo y la Iglesia. Cada cristiano es "incorporado" a Cristo por el bautismo, como también lo da a entender San Juan con la imagen de la vid:

"yo soy la vida, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer". (Jn. 15, 5)

La unión entre el cristiano –cada cristiano, todo cristiano- y Cristo, es íntima, vital, más allá de lo que podemos percibir. Este es precisamente el misterio: la inserción de los cristianos en Cristo es lo que constituye más íntimamente la Iglesia.

Referencias magisteriales

La Iglesia ha reflexionado mucho acerca de si misma y su misión en las últimas décadas. Sirvan como referencia:

LA IGLESIA ES COMUNIÓN CON JESÚS Y LOS HERMANOS.

13. Como ya le muestran las imágenes del Cuerpo y la Vid, la Iglesia es comunión con Jesús. La palabra "comunión" significa "unión íntima", "común unión".

Esta comunión con Jesús es el fundamento de la unión íntima que existe entre todos los que formamos la Iglesia. En otras palabras, la Iglesia incluye una dimensión que podemos llamar "vertical" (relación con Dios en Cristo) y una dimensión "horizontal" (relación con los hermanos). Estos dos aspectos, lejos de estar separados el uno del otro, no se entienden uno sin el otro.

En efecto, la unión con Cristo, por su propia naturaleza, nos lleva a vivirla "comunitariamente", "eclesialmente", como verdadero Pueblo de Dios que somos. Por otra parte, no entenderíamos adecuadamente la unidad entre todos los miembros de la Iglesia si la desgajáramos del profundo misterio de la inserción de Cristo.

  1. Todas estas verdades, lejos de ser algo abstracto y desencajado, se reflejan en el obrar cotidiano de los miembros de la Iglesia y en su acción pastoral. A la visión de la Iglesia más tradicional, el Concilio Vaticano II, plantea una visión de la Iglesia, considerada como "comunión". Dice el Papa Juan Pablo:

Hay una radical transformación (en la Iglesia) del modelo de base. El modelo tradicional, cuantitativo, se transforma en uno nuevo, más cualitativo. Esto es fruto del Concilio. El Vaticano II apareció en un momento en el que el viejo modelo comenzaba a ceder el puesto al nuevo. Así pues, hay que decir que el Concilio vino en el momento oportuno... (Cruzando el umbral de la Esperanza. Cap. 26)

¿ Cuál es, en concreto, el "nuevo modelo" de que habla el Papa?.

Sin pretender ser exhaustivos, señalamos algunos aspectos del modelo de Iglesia del Vaticano II, que más nos importan para descubrir nuestra propia identidad.

  1. Frente a un acentuamiento de la llamada "estructura piramidal" de la Iglesia, el Concilio redescubre la igual dignidad de todos los fieles cristianos. Esta dignidad, que viene del bautismo, es lo esencial en la Iglesia y está en la fuente de todos los misterios y carismas que el Espíritu Santo regala a la Iglesia.
  2. Frente a un énfasis en la institucional, el Concilio descubre con mayor profundidad el carácter "comunitario" de la Iglesia. Somos comunidad a imagen de las primeras comunidades cristianas (Hch 2, 42-47; 4, 32-35; 5, 12-16), es decir, el lugar en que se comparte "la enseñanza de los Apóstoles, la vida común, la fracción del pan y las oraciones. (2, 42) Cada comunidad en la Iglesia participa en forma más o menos perfecta, de estas propiedades, a saber:

Así, desde las comunidades eclesiales de base y la misma familia, pasando por los grupos misioneros, los movimientos y las asociaciones, y fundamentalmente la parroquia y la diócesis, están llamadas a renovarse de acuerdo a esta visión comunitaria inspirada en la eclesiología del Concilio Vaticano II.

En este contexto se entiende la expresión de Juan Pablo II: "modelo cualitativo". El modelo tradicional es más cuantitativo porque apunta a la atención pastoral de grandes masas de fieles que viven en el contexto de una cultura sociológicamente cristiana. El nuevo modelo de iglesia toma consciencia de que es importante llegar a cada hombre y congregarlo en pequeñas comunidades para una vivencia auténtica de la fe, frente a una cultura que es más bien indiferente u hostil frente a la religión.

  1. Por último, la eclesiología del Vaticano II, plantea de un modo nuevo la diversidad y complementariedad en la Iglesia.

"La comunión eclesial se configura, más precisamente, como comunión "orgánica", análoga a la de un cuerpo vivo y operante. En efecto, está caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los misterios, de los carismas y de las responsabilidades." (CL 20)

Por una parte está la estructura jerárquica de la Iglesia, cuyo fundamento es el sacramento del Orden Sacerdotal. El Ministerio jerárquico (de los Obispos, sacerdotes y diáconos) tiene su origen en la decisión del Señor de edificar la Iglesia sobre Pedro y los apóstoles. Se concibe no tanto como dignidad, sino como un "servicio".

"Los ministerios ordenados –antes que las personas que lo reciben- son una gracia para la Iglesia entera. (...) Los pastores deben reconocer que su ministerio está radicalmente ordenado al servicio del pueblo de Dios". (CL 22)

Por otra parte se reconoce la presencia de otros muchos dones, que sin pertenecer a la estructura jerárquica, enriquecen considerablemente la Iglesia. Son los llamados "carismas". Los carismas son gracias que concede el Espíritu Santo para el bien común de la Iglesia.

"Sean extraordinarios, sean simples y sencillos, los carismas son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo." (CL 24)

Están al servicio de la caridad, que edifica la Iglesia". (Cat. Igle. Catól. 2003).

LOS GRUPOS MISIONEROS TIENEN UN "CARISMA" ESPECIAL DENTRO DE LA IGLESIA

15. En esta Iglesia concebida como misterio de comunión de base con Jesús y con los hermanos, los grupos misioneros en la Argentina, representan una gracia singular que Dios concede en este tiempo a la Iglesia, para su crecimiento. Son un verdadero "carisma".

En la carta encíclica Redemptoris Missio, el Papa Juan Pablo alaba "el gran desarrollo de los movimientos eclesiales, dotados de dinamismo misionero. (...) Representan un verdadero don de Dios para la nueva Evangelización y para la acción misionera propiamente dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos para dar nuevo vigor, sobre todo entre los jóvenes, a la vida cristiana y a la evangelización, con una visión pluralista de los modos de asociarse y de expresarse." (72)

Este carisma consiste esencialmente en el modo que tienen los grupos misioneros de encarnar las enseñanzas del evangelio. Su misma vida es un testimonio para la Iglesia y para el mundo, y su servicio concreto, ha de reflejar el mandato de evangelizar del Señor.

Este carisma no se vive al margen de la Iglesia, sino precisamente en la Iglesia y al servicio de la edificación de la Iglesia en la humildad y la caridad. En efecto, la primer forma de vivir la "misionalidad" es vivir la "eclesialidad", es decir, saberse y sentirse miembros de una Iglesia que es, por naturaleza, una comunión misionera. (cf. Punto 21)

 

LA VIVENCIA DEL CARISMA MISIONERO

16. La vivencia del espíritu misionero en la Iglesia se concreta fundamentalmente en la diócesis, ya que "en ellas (en las diócesis) y a partir de ellas existe una sola y única Iglesia Católica" (LG 23). En efecto,

"Para poder participar adecuadamente en la vida eclesial es del todo urgente que los fieles. Posean una visión clara y precisa de la Iglesia particular [es decir, de la diócesis] en su relación originaria con la Iglesia Universal. La Iglesia particular no nace de una especie de fragmentación de la Iglesia universal, ni la Iglesia universal se constituye con la simple agregación de las Iglesias particulares; sino que hay en vínculo vivo, esencial y constante que las une entre sí, en cuanto que la Iglesia universal existe y se manifiesta en las Iglesias particulares." (CL 25)

17. Dicen las Líneas Pastorales:

Por naturaleza la parroquia está llamada a ser una "comunión de fe y una comunidad orgánica" de comunidades, de familias y de personas; especialmente una comunidad misionera, dado que la parroquia es para todos los que integran su jurisdicción, tanto para los ya bautizados, como para los que todavía ignoran prescinden o rechazan a Jesucristo. (43)

En la Parroquia los grupos misioneros encuentran fundamentalmente la vivencia de la caridad fraterna, la predicación de la Palabra y la vida sacramental, sobre todo la Eucaristía. "La parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística". (Christifidelis Laici 26)

También tienen la oportunidad de ofrecer un servicio de acuerdo al propio carisma. Puesto que en las parroquias es necesaria una renovación interior y una modificación operativa (cf Líneas Pastorales 43 y 44), los grupos misioneros están llamados a dar un aporte decisivo a esta renovación:

Sólo renovándose (la parroquia) logrará darlo todo: acogida cordial, testimonio de santidad evangélica, predicación y escucha de la Palabra de Dios, itinerario catequístico integral, celebraciones festivas de la Fe, abundancia de vida sacramental, cultivos de la piedad popular, formación permanente de los fieles, eficacia de la Caridad organizada, promoción efectiva de la dignidad del pobre y del enfermo, vigorosa presencia misionera y ayuda espiritual ofrecida a todos, con la misma predilección de Jesús por los pobres y los enfermos. (43)

Un aporte particularmente importante que pueden ofrecer es el de la animación misionera, realizada a través de la información, la sensibilización, el testimonio misionero compartido, y también solicitando ayuda concreta para las misiones. (cf. Punto 29)

 

Tema 3

  1. SERVICIO EVANGELIZADOR

Referencias bíblicas 2:

18. Los cuatro evangelistas nos presentan una visión complementaria de la evangelización (cf. R. Mi. 23)

Referencias magisteriales

Es abundantísimo el material sobre el tema de la evangelización y la misión, en esta hora en que la Iglesia se siente llamada a una "nueva evangelización". Seleccionamos estas referencias:

2 Las referencias bíblicas son comunes con el apartado siguiente.

 

EL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN

19. La actitud fundamental que debemos tener en la comunidad que nos recibe es la de servicio, a ejemplo de Cristo, que "no vino a ser servido sino a servir" (Mt. 20, 28). La Iglesia toma conciencia creciente que su misión se realiza en el servicio al hombre concreto. Recíprocamente "el mejor servicio al hermano concreto es la evangelización, que lo prepara a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente" (Puebla 1145).

En este apartado vamos a analizar esta rica realidad que se denomina con el nombre de "evangelización" y que abarca toda la misión de la Iglesia.

"La Iglesia evangeliza cuando por la sola fuerza del mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y ambientes concretos." (E. N. 18)

En los puntos que siguen vamos a comentar algunos elementos que están contenidos en este "servicio de evangelización" a la "comunidad que nos recibe".

20. La primer forma de evangelización es el testimonio, y esto bajo doble concepto: por un lado, "en muchos casos es la única forma de ser misioneros" (R. Mi. 42); por otro, sin testimonio no tiene sustento ninguna acción evangelizadora. Todo se vuelve una gran contradicción.

Pero ¡no somos perfectos! Sin embargo "el misionero que, aún con todos los límites y defectos humanos, vive con sencillez según el modelo de Cristo, es un signo de Dios y de las realidades trascendentes" (ibidem).

No debemos confundir testimonio con hacer el bien "delante de los hombres para ser vistos por ellos" (Mt. 6, 1). En el lenguaje de Jesús, esto es hipocresía farisaica. Testimonio es irradiar la vivencia interior, incluso en su dimensión de lucha e imperfección. Sin embargo lo esencial es un aspecto gozoso y esperanzado de quien vive liberado del pecado por la fuerza de la cruz de Cristo.

El testimonio que damos en nuestro ambiente cotidiano es la base indispensable de la que damos luego en los lugares en que hacemos nuestro servicio de evangelización. Es lo que lo legitima. Así, podemos trabajar en los barrios marginados, si no nos desinteresamos por los del propio barrio. Podemos ayudar en la parroquia, si no desatendemos las obligaciones de nuestra casa. Podemos vivir la caridad con los más alejados, si la vivimos día a día con los que tenemos a nuestro lado; "la caridad empieza por casa".

Importa recordar esto a la hora de emprender una actividad evangelizadora concreta fuera de nuestro ambiente, en los lugares adonde vamos a misionar; no pensemos que con la sola "metodología pastoral" vamos a lograr convertir si no irradiamos la fuerza del Evangelio nosotros mismos.

El testimonio concreto que debemos dar en los lugares donde vamos está hecho fundamentalmente de respeto a las costumbres del lugar, aprecio a la gente brindándonos generosamente, actitud verdaderamente servicial, disposición al trabajo, discreción, evitando participar en conflictos estériles. También es importante tener una conducta que manifieste honestidad en las relaciones, pudor y sentido del sacrificio. El verdadero patrón del testimonio es la caridad: " el amor es la fuerza de la misión" (R. Mi. 60)

21. Con relación a esto, debemos tener muy presente que toda actividad misionera o evangelizadora que emprendemos, la hacemos en nombre de la Iglesia. Y la gente lo percibe. Esto constituye para nosotros un llamado a la responsabilidad.

El Papa Pablo VI recordaba en la Evangelii Nuntiandi 60:

La constatación de que la Iglesia es enviada y tiene el mandato de evangelizar a todo el mundo debería despertar en nosotros una doble convicción.

Primera: evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial. Cuando el más humilde predicador, catequista o pastor, en el lugar más apartado, predica el Evangelio, reúne su pequeña comunidad o administra un sacramento, aún cuando se encuentra solo, ejerce un acto de Iglesia y su gesto se enlaza mediante vínculos invisibles y raíces escondidas del orden de la gracia, a la actividad evangelizadora de toda la Iglesia. Esto supone que lo haga, no por una misión que él se atribuye o por inspiración personal, sino en unión con la misión de la Iglesia y en su nombre.

De ahí, la segunda convicción: si cada cual evangeliza en nombre de la Iglesia, que a su vez lo hace en virtud de un mandato del Señor, ningún evangelizador es el dueño absoluto de su acción evangelizadora, con un poder discrecional para cumplirla según criterios y perspectivas individualistas, sino en comunión con la Iglesia y sus pastores.

22. El diálogo es una actitud y una actividad fundamental del misionero. En cuanto actitud significa que quien llega a una comunidad no se ubica como un maestro, como quien viene a enseñar, sino como quien viene a compartir, dispuesto a enriquecerse también de las riquezas de los otros. Lo dice el Papa Juan Pablo II: "el diálogo no nace de una táctica o de un interés, sino que es una actividad con motivaciones, exigencias y dignidad propias: es exigido por el profundo respeto hacia todo lo que en el hombre ha obrado el Espíritu, que "sopla donde quiere" (Jn 3, 8). Con ello la Iglesia trata de descubrir las "semillas de la Palabra" (...) que se encuentran en las personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad. El diálogo se funda en la esperanza y la caridad, y dará frutos en el Espíritu" (R. Mi. 56)

Esta actitud dialogal no quita la necesidad de anunciar "el misterio de Cristo" a los hombres. Esto exige una gozosa valentía, a ejemplo de los apóstoles. Fundándose en el diálogo este anuncio parte de las necesidades manifiestas o inconscientes de nuestros destinatarios, las recoge y las ilumina con la luz del Evangelio. Tenemos un ejemplo claro en el encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn 4). Jesús no llega con un argumento armado, un monólogo. Se vale de elementos cotidianos y comienza el diálogo. Apunta a las necesidades de la Samaritana: "Dame de esa agua –dice la mujer- para que no tenga más sed". Al término del encuentro la mujer se va transformada y se convierte a su vez en "evangelizadora".

Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los condujo con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, así sus discípulos, inundados profundamente por el Espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven y tratar con ellos, para captar en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios, generoso, ha distribuido a las gentes, y al mismo tiempo esfuércense en iluminar estas riquezas con la luz evangélica, liberarlas y hacerlas volver al dominio de Dios Salvador. (AG 11)

23. ¿Cuál debe ser la prioridad en la pastoral: formar o sacramentalizar?. Hace algunas décadas se ponía el énfasis en la administración de los sacramentos. Todo giraba alrededor de regularizaciones matrimoniales, bautismos, confesiones y misas. La realidad social y eclesial fue cambiando de tal forma que no podemos plantearnos una misión en esta tónica. Pero ¿Cuál es la función propia de lo sacramental en la actividad de la Iglesia.?

Lo propio del sacramento es brindarnos un encuentro vivo con el Señor, en el Espíritu, mediante ciertos signos sensibles (palabras, gestos, acciones rituales). La eficacia de estos signos nos es "psicológica" sino real, verdadera y sobrenatural, ya que es el Espíritu quien obra a través de ellos y en nosotros.

Sin embargo es necesario estar preparado para una vivencia sacramental. Por eso en todos los sacramentos hay una primera parte dedicada a la Palabra de Dios, que se ordena a disponernos a la recepción del sacramento y a iluminar nuestra fe.

De aquí se sigue que si bien la actividad evangelizadora se orienta a que los hombres se encuentren con Cristo vivo en sus "misterios", no es menos importante que tienen que estar iluminados por la Palabra de Dios e instruidos por una adecuada Catequesis.

Esto también nos enseña a nosotros a valorar la Palabra de Dios y los sacramentos como canales privilegiados de unirnos a Jesús, y así poder comunicarlos a los demás.

24. La acción evangelizadora no termina, sin embargo, en el sacramento, sino en la comunidad de la Iglesia. Así, el Bautismo, nos incorpora en la comunidad de la Iglesia. La Penitencia nos reconcilia con Dios y con nuestros hermanos. La Eucaristía –la fracción del Pan- edifica la Iglesia. Por estos vínculos de fe, ayudados por los vínculos humanos, se va construyendo la comunidad, como dicen los Hechos de los Apóstoles:

"Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del Pan y en las oraciones". (Hch. 2, 42)

Pero esta comunidad no está cerrada en sí misma. Se perfecciona cuando ella misma se convierte en misionera. La Iglesia latinoamericana ha tomado conciencia de que le ha llegado este momento, por eso ha gritado en Puebla de los Angeles:

"Ha llegado para América Latina la hora de proyectarse más allá de las fronteras, "ad gentes". Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero, debemos dar desde nuestra pobreza". (Puebla 368)

Y se dispone, en la COMLA VI a decir con convicción:

"América, con Cristo, sal de tu tierra".

EVANGELIZAR LA CULTURA

25. El tema de la "inculturación" ha sido objeto de reflexión profunda por parte de la Iglesia. Es que se trata de un desafío ineludible de todo el que está en el "frente" de la evangelización. Así hay muchas frustraciones en la misión por no saber adaptar el mensaje del Evangelio, de modo que resulte accesible a los destinatarios de él. También, en nombre de la inculturación, se han hecho a veces, cambios improvisados, que terminan generando un sincretismo o despojando al Evangelio de su luminosidad propia. Mientras Jesús transformó el agua en vino, en Caná de Galilea, algunos "aguan el vino del Evangelio.

En Santo Domingo (230) se dice que el camino de la inculturación sigue los tres misterios principales de la fe:

Es necesario inculturar el Evangelio a la luz de los tres grandes misterios de la salvación: la Navidad, que muestra el camino de la Encarnación y mueve al evangelizador a compartir su vida con el evangelizado; la Pascua, que conduce a través del sufrimiento a la purificación de los pecados, para que sean redimidos: y Pentecostés, que por la fuerza del Espíritu posibilita a todos entender en su propia lengua las maravillas de Dios.

De la lectura de Redemptoris Missio 52 a 54, se desprenden los principales criterios que rigen la inculturación:

No se trata de mera adaptación externa, ya que la inculturación "significa una íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en las diversas culturas.

Por medio de la inculturación la Iglesia encarna el Evangelio en las diversas culturas y, al mismo tiempo introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad; transmite a las mismas sus propios valores, asumiendo lo que hay de bueno en ellas y renovándolas desde dentro.

La inculturación, en su recto proceso debe estar dirigida por dos principios: "la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal.".

(La cultura) debe ser "purificada, elevada y perfeccionada".

Este proceso necesita una gradualidad, para que sea verdadera expresión de la experiencia cristiana de la comunidad.

La inculturación debe implicar a todo el pueblo de Dios, no sólo a algunos expertos, ya que se sabe que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe que nunca conviene perder de vista. Debe ser dirigida y estimulada, pero no forzada, para no suscitar reacciones negativas en los cristianos: debe ser expresión de la vida comunitaria, es decir, debe madurar en el seno de la comunidad, y no ser fruto exclusivo de investigaciones eruditas. La salvaguardia de los valores tradiciones es efecto de una fe madura.

De todo esto podemos extraer algunas conclusiones para nuestros grupos misioneros. Ante todo es necesaria una actitud de encarnación, a semejanza de Cristo, que se hizo en todo igual a nosotros, excepto en el pecado. Esta encarnación nos lleva al encuentro con nuestros hermanos. El encuentro humano es fundamental para la evangelización. Vivir su misma vida. Insertarse en su realidad. Asumir sus puntos de vistas en cuanto sea posible. "Lo que no se asume no se puede redimir".(San Ireneo).

No es inculturada una acción evangelizadora que parte de un esquema preconcebido, del tipo que sea. Debemos dejarnos interpelar por la realidad concreta. Las adaptaciones que hagamos deben ser audaces sin dejar de ser prudentes. A este respeto recordemos que la responsabilidad primaria es del ministerio pastoral. Los "experimentos" o pruebas que se hagan, deben expresar un profundo respeto hacia los destinatarios.

 

Tema 4

  1. PROYECCIÓN MISIONERA ("AD GENTES")

26. El último punto de la identidad de los grupos misioneros es "más allá de las fronteras". En otras palabras se trata de definir a los grupos misioneros precisamente por su perspectiva específicamente misionera.

Hablar de actividad "específicamente" misionera nos lleva a distinguirla de otras actividades evangelizadoras. Vamos a ver, entonces, cuál es la relación de los grupos misioneros con este tipo de actividades y cómo se inserta en la misión "ad gentes" (a los pueblos).

DISTINTAS SITUACIONES DE EVANGELIZACIÓN

27. Esta amplia, compleja y apasionante tarea evangelizadora que desarrolla la Iglesia, reconoce tres principales situaciones en el mundo actual. Con el Papa Juan Pablo II reconocemos:

"En primer lugar, aquella a la cual se dirige la actividad misionera de la Iglesia: pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, o donde faltan comunidades cristianas suficientemente maduras como para poder encarnar la fe en el propio ambiente y anunciarla a otros grupos. Esta es propiamente la misión ad gentes.

Hay también comunidades cristianas con estructuras eclesiales adecuadas y sólidas; tienen un gran fervor de fe y de vida; irradian el testimonio del Evangelio en su ambiente y sienten el compromiso de la misión universal. En ellas, se desarrolla la actividad o atención pastoral de la Iglesia.

Se da, por último, una situación intermedia, especialmente en los países de antigua cristiandad, pero a veces también en las Iglesias más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio. En este caso es necesario una "nueva evangelización" o "reevangelización".

Aunque no es posible establecer un límite claro entre estas tres situaciones, el para recuerda que la actividad misionera específica conserva todo su valor:

"Es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos lo pueblos, hasta con los confines de la tierra, sin la misión ad gentes, la misma dimensión misionera de la Iglesia estaría privada de su significado fundamental y de su actuación ejemplar.

 

LA ACTIVIDAD MISIONERA ESPECÍFICA

28. El pontífice recuerda cuál es el cometido propio de esta tarea misionera:

Esta actividad se distingue de las demás actividades eclesiales, porque se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial. Por tanto, se caracteriza como tarea de anunciar a Cristo y a su Evangelio, de edificación de la Iglesia local, de promoción de los valores del Reino. La peculiaridad de esta misión ad gentes está en el hecho de que se dirige a los "no cristianos" (R. Mi. 34)

Según las mismas palabras del Papa, la actividad misionera tiene tres acciones fundamentales:

Así, la tarea misionera se convierte en "paradigma" de toda la acción evangelizadora de la Iglesia, en modelo y fuente inspiradora. En nuestro contexto de nueva evangelización, estamos llamados a renovar el anuncio, la convocación y la promoción de los valores del Reino.

 

LA TAREA PROPIA DE LOS GRUPOS MISIONEROS

29. Los grupos misioneros se insertan en esta dinámica de evangelización, con la mirada fija puesta en la misión ad gentes. Las misiones son su preocupación permanente y la meta última de sus esfuerzos.

Sin embargo esto no significa que, en su tarea concreta, los grupos misioneros tengan que negarse a las tareas vinculadas a la atención pastoral o la nueva evangelización. Por el contrario, ellos asumen todo servicio evangelizador en la Iglesia local, con mentalidad misionera.

Además, su prioridad permanente es tratar de llegar a los más alejados, a los pobres, a aquellos de quienes nadie se acuerda o se preocupa. Como el buen Pastor, va en busca de la "oveja perdida". En este sentido, su sentido evangelizador los llevará a estar atentos a los nuevos areópagos, es decir, los nuevos ámbitos de misión que describe el Papa en R. Mi 37 (cf. En general todo el Capítulo IV)

Por otra parte, su espíritu misionero se refleja en su protagonismo y decidido interés por la cooperación con las misiones y con los misioneros. No todos podemos ir a tierras de misión, pero todos podemos colaborar. La cooperación torna, en primer término, la forma de oración, intercesión y sacrificios por las misiones. "Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual" (R. Mi. 78)

También es importante que la caridad se haga concreta en la ayuda materia. A este respecto, es importante "comprobar el espíritu con que se da. Para ello es necesario revisar el propio estilo de vida: las misiones no piden solamente ayuda, sino compartir el anuncio y la caridad con los pobres" (81).

Vinculada a la ayuda espiritual y material, está la cercanía humana con los misioneros. Aunque estemos separados por grandes distancias, podemos hacernos presentes enviando cartas, pequeños regalos, o quizás contactándonos telefónicamente. El compromiso de los grupos en este sentido hace visible la comunión fraterna entre todos los cristianos.

Como ya se dijo más arriba, los grupos son agentes indispensables en la animación y formación misioneras de las diversas comunidades. Ellos realizan esta animación mediante la información y la sensibilización, y la orientan a la ayuda espiritual, material y humana. A este respeto, no hay que descuidar la acogida de un misionero cuando regresa o cuando está temporalmente en su comunidad de origen. La acogida de la comunidad y el testimonio del misionero serán estímulos importantes en el desarrollo del espíritu misionero.

Otro aspecto fundamental, unido a todo lo anterior es la vivencia de una espiritualidad misionera. Es decir, vivir la inserción en Cristo por el Espíritu, desde la perspectiva del envío (cf Cap. VIII de R. Mi.). Esta espiritualidad nos hace vivir como misioneros en el lugar donde estamos.

Por último, la participación en la dimensión misionera de la Iglesia se hace manifiesta cuando hay en los grupos verdadera disponibilidad para que el Señor suscite entre ellos vocaciones misioneras laicales o consagradas. "Es necesario reafirmar la prioridad de la donación total y perpetua a la obra de las misiones... la misión se hace, sobre todo, con hombres y mujeres consagrados de por vida a la obra del Evangelio, dispuestos a ir por todo el mundo para llevar la salvación" (79)

Por tanto, los grupos misioneros han de vivir su carisma propio siendo signos y fermentos de una Iglesia misionera. Toda la acción, toda la formación, toda la vivencia espiritual, toda la comunión fraterna se realizan desde esta perspectiva.

BAJO EL IMPULSO DEL ESPÍRITU: PRIORIDADES PASTORALES

Después de haber esbozado sencillamente los principales aspectos que definen la identidad y eclesialidad de los grupos misioneros en la Iglesia, vemos la necesidad de pasar a la acción. Evidentemente, de nada nos serviría reflexionar, dialogar y encontrarnos entre nosotros, si todo esto no se insertara en la dinámica de nuestro encuentro con el Señor que nos lleva a la misión.

Por otra parte, el camino de la Iglesia en Argentina, con sus incipientes frutos de renovación, nos urge a lanzarnos "más allá de las fronteras" a anunciar el Evangelio a toda criatura.

El ENCUENTRO DE GRUPOS MISIONEROS DE TUCUMÁN, debería servir para encendernos en esa fe que lleva a ser compartida y ese amor que mueve a dar la vida por los hermanos.

Poniendo los ojos en nuestros santos latinoamericanos: San Francisco Solano, modelo de evangelización inculturada, San Roque González y compañeros, ejemplos de entrega apostólica sin reservas, y en los santos patronos de las misiones; San Francisco Javier y Santa Teresita del Niño Jesús, fiamos a María de Luján el próximo Encuentro de Tucumán.