DESCUBRIENDO NUESTRO BAUTISMO

"Todos los bautizados en Cristo se han revestido de Cristo" (Gal 3, 27).

Por el bautismo nacemos a una nueva vida y recibimos la capacidad de seguir a Cristo, de participar de su vida, de "revestirnos" de él. Este nuevo nacimiento no es producido "por la carne y la sangre", por nuestros esfuerzos humanos; viene de arriba, como regalo de Dios por el Espíritu Santo y el bautismo. Así en las palabras de Jesús a Nicodemo: "En verdad te digo el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5). El bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios, nos une a Jesucristo y nos unge en el Espíritu Santo. La Iglesia es el sacramento de Cristo, es el lugar más autentico y primordial del encuentro con el Padre; es una mediación entre la vida según el Espíritu y nosotros; es la garantía de que el espíritu de Cristo está en nosotros.

"Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mi" (Jn 14, 4-6). Cristo es el camino seguro, la brújula para la humanidad en camino hacia el Reino.

"Yo soy la luz del mundo; quien me sigue no caminará en las tinieblas sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). El que sigue a Jesús se vuelve una buena guía para los demás.

"Ustedes son la luz del mundo; así resplandezca vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 14-16).

Pablo dirá a los Corintios: "Y Dios dijo: Brille la luz en las tinieblas, es el que se hizo luz en nuestros corazones, para que se irradie la Gloria de Dios, como brilla en el rostro de Cristo (2 Cor 4, 6).

También Pedro recuerda a los cristianos que son la luz: "Ustedes son una raza elegida, un reino de sacerdotes, un pueblo que Dios eligió para que fuera suyo y proclamara sus maravillas. Ustedes estaban en las tinieblas y los llamó Dios a su luz admirable" (1 Pedro 2,9).

La vida nueva recibida en el bautismo debe crecer y desarrollarse. Requiere educación y cultivo de parte de los educadores de la fe y vida cristiana (habitualmente los padres y la Iglesia), mediante la palabra, los sacramentos, la oración y la practica de la caridad. Y tenemos que descubrirla como el don más grande que Dios Padre nos ha hecho, no solamente para nosotros sino para ser semilla del Reino al servicio del mundo.

Redescubrir nuestro bautismo significa tomar conciencia de nuestra responsabilidad misionera. Con el bautismo hemos sido incorporados a la Iglesia para servir al mundo.

Bautizados para la misión.

El señor Jesús envió a los apóstoles a predicar para que todos creyeran y creyendo tuvieran vida.

"Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir lo que les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt. 28, 19-20). Esta es la misión de la Iglesia, la que le dejó Jesucristo. Ella existe para esto, es su razón de ser. Es su identidad más profunda. No podemos quedarnos con los brazos cruzados. Todo bautizado, por el hecho de serlo, está llamado a ser misionero. Porque somos hijos de Dios debemos confesar delante de los hombres la fe recibida. Así, todo bautizado debe dar testimonio y anunciar el amor redentor y misericordioso de Dios. En el bautismo está presente el compromiso misionero de nuestra vida.

En la constitución dogmática Lumen Gentium, los obispos reunidos en concilio manifiestan que la Iglesia "recibe la misión de anunciar el Reino de Dios, de establecerlo en medio de todas las gentes, y constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino".

Es tan claro y preciso este mandato. Y es mandato, no sugerencia. Manifiesta de manera contundente la voluntad de Dios que "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1Tim. 2, 4). Es tan grande su amor "que entregó a su Hijo único" (Jn. 3, 16).

Debemos estar agradecidos a las generaciones de cristianos que nos han precedido y que entre luces y sombras han cumplido con el mandato misionero. Cada uno de nosotros les debe la fe. Y a la vez tenemos que sentirnos interpelados a continuar con la misión, pues las futuras generaciones dependen del compromiso de cada uno de nosotros. Imaginen por un momento si bajáramos las manos, apagáramos los corazones y calláramos las voces. Qué oscuridad se cerniría sobre el mundo y que amargura si no asumiéramos nuestra misión de ser la luz del mundo y la sal de la tierra.

Por eso la necesidad de la animación misionera del pueblo de Dios, para que no nos durmamos en los laureles de la fe ya adquirida, sino para que sintamos ardor por comunicarla; para que no nos encerremos en nuestras comunidades y en sus necesidades, sino que abramos las puertas e ir al encuentro de todos los que Dios quiere incorporar a su Iglesia; para que nuestras celebraciones no sean un encuentro de anónimos y desconocidos, sino la fiesta de los hermanos, acogidos cordialmente, integrados y valorados. En síntesis, que seamos verdaderamente comunidades vivas, orgánicas y misioneras.

"¡Ay de mi si no evangelizara!" (1 Cor. 9, 16). Que el Espíritu Santo haga nuestro este grito de San Pablo.

Todos los laicos son misioneros en virtud del bautismo

Muchos documentos de la Iglesia, sobre todo a partir del concilio Vaticano II, han insistido sobre la importancia del papel de los laicos en la actividad misionera. Sería muy largo recordarlos todos. Pero allí encontramos con claridad la afirmación que la misión es de todo el pueblo de Dios.

Prefiero recordar aquí solo algunas expresiones del documento de Santo Domingo (IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano):

"Las urgencias de la hora presente en América Latina y el Caribe reclaman: Que todos los laicos sean protagonistas de la nueva evangelización ... Que los bautizados no evangelizados sean los principales destinatarios de la nueva evangelización. Ésta solo se llevará a cabo efectivamente si los laicos conscientes de su bautismo responden al llamado de Cristo a convertirse en protagonistas de la nueva evangelización" (S.D. n.97). Tomar conciencia de nuestro bautismo significa asumir la corresponsabilidad de la misión de la Iglesia.

"Como pastores de la Iglesia ... nos duele ver como muchos de nuestros fieles no son capaces de comunicar a los demás la alegría de su fe. Jesucristo nos pide que seamos "sal de la tierra", la levadura en la masa. Por ello, la Iglesia, pastores y fieles, sin descuidar la atención de los cercanos, debe salir al encuentro de los que están alejados. Muchas puertas de estos hermanos alejados esperan el llamado del Señor a través de los cristianos que, asumiendo misioneramente su bautismo y confirmación, salen al encuentro de aquellos que se alejaron de la casa del Padre. Por eso sugerimos un nuevo impulso misionero hacia estos fieles, saliendo a su encuentro" (S.D. 131).

Y no podemos olvidar el documento de Puebla (La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina) que al n. 368 dice: "Finalmente, ha llegado para América Latina la hora de intensificar los servicios mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse más allá de sus propias fronteras, "ad gentes". Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero, debemos dar desde nuestra pobreza..."

 

PRISCILA Y AQUILA Y SAN PABLO

EL PRIMER EQUIPO MISIONERO

A menudo pensamos que la rápida expansión del Cristianismo en los primeros siglos se debió al valor y a la dedicación de los apóstoles, sobre todo San Pedro y San Pablo. Ciertamente, los autores principales del libro de los Hechos de los Apóstoles son San Pedro y San Pablo. Pero si leemos cuidadosamente los Hechos de los Apóstoles, allí se mencionan los nombres de muchas personas que estaban activas compartiendo su fe cristiana. Entre ellos hay un matrimonio: Aquila y Priscila, quienes se mencionan tres veces en el libro de los Hechos (Hec 18, 2-3, 18, 26) y tres veces en las cartas de San Pablo ( I Corintios 1 16, 19; Romanos 16, 3-5; 2 Timoteo 4, 19). Ellos se mencionan siempre juntos. Priscila es la forma diminutiva de Prisca. Mientras en los Hechos de los Apóstoles la llaman Priscila, Pablo siempre la llama Prisca. Pablo es la fuente de información más antigua sobre ellos. Esto es lo que Pablo dice sobre ellos: I Corintios 16,19: "Los saludan las Iglesias de Asia. Aquila y Prisca los saludan en el señor, junto con la Iglesia que se reúne en su casa".

Romanos 16, 3-5: "Saluden a Prisca y a Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús que arriesgaron su vida para salvar la mía. Yo les estoy muy agradecido, y los están también todas las Iglesias del mundo pagano. Saluden también a la Iglesia que se reúne en su casa. Saluden a mi querido Epéneto, el primer convertido cristiano en la provincia de Asia"

2 Timoteo 4, 19: "Saluda a Prisca y Aquila, y a la familia de Onesíforo".

Podemos comprender mejor las palabras de San Pablo en sus cartas, cuando leemos Hechos 18,1-3 donde dice cómo Pablo conoció a ellos por primera vez: "Tiempo después Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su esposa Priscila, a consecuencia de un decreto del emperador Claudio, porque todos los judíos habían recibido la orden de abandonar Roma. Pablo se acercó a ellos, pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos".

Pablo llegó a Corinto procedente de Atenas donde no tuvo mucho éxito en su misión. Estaba probablemente solo y deprimido cuando conoció a Aquila y a Priscila quienes le ofrecieron posada y un trabajo en su negocio de fabricación de tiendas. Pablo se quedó por 18 meses trabajando en Corinto con esta pareja. La Iglesia de Corinto no se inició con Pablo solamente, sino con Pablo, Aquila y Priscila, un equipo misionero compuesto por el apóstol y un matrimonio. Por lo que la Iglesia de Corinto fue el fruto de la cooperación de este "equipo eclesial".

Pablo los llama "mis colaboradores en Cristo" (Rom 10, 3). El término de colaboradores se refiere primero que todo, al hecho de que ellos tres trabajaban juntos en la fabricación de tiendas. Pablo se sentía orgulloso, ya que él se estaba manteniendo con sus propias manos. Pero a la vez son colaboradores en Cristo Jesús, al enfatizar que trabajaban juntos en proclamar el Evangelio. El título de colaborador es reservado por Pablo a un número muy limitado de personas, quienes colaboraban con él muy estrechamente en su misión apostólica. Priscila y Aquila son el único matrimonio al cual él le dio el título de colaboradores. Esto está particularmente evidente en el fundación de la Iglesia de Corinto.

Cuando Pablo sale de Corinto hacia Efeso (Hch 18, 18) Aquila y Priscila lo acompañan allí, "Pablo se quedó en Corinto todavía algún tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Aquila". Ellos están entre los fundadores de la Iglesia de Efeso también. Pablo se quedó por tres años en Efeso evangelizando la ciudad y las regiones vecinas. Es probablemente en este pueblo donde Priscila y Aquila "arriesgaron sus vidas" por Pablo (Rom 16, 4) y esto debió de haber fortalecido su amistad aún más.

Hechos de los Apóstoles 18, 26 nos informa sobre otro interesante evento con Aquila y Priscila. En la sinagoga de Efeso ellos conocieron a Apolo, un orador experimentado de Alejandría de Egipto quien conocía la Biblia hebrea muy bien y trataba de persuadir a los judíos que Jesús era el Mesías. Apolo era un buen interpretador de las Escrituras judías pero su conocimiento sobre Jesús era limitado. "Cuando Priscila y Aquila lo escucharon, se lo llevaron a su hogar y le explicaron a él, el nuevo camino hacia Dios con más detalle". Con un gran sentido de responsabilidad y de bondad, Priscila y Aquila "se lo llevaron a su hogar" y le dieron una información más exacta sobre Jesús. Aquila y Priscila eran conscientes de que ellos "eran Iglesia y que era su responsabilidad el instruir a Apolo con más precisión. ¡Los matrimonios, cuanto nos podrían enseñar a nosotros sacerdotes! Su experiencia viviendo su vida cristiana el uno con el otro, con sus niños, en su trabajo, es un gran tesoro que tienen que compartir con nosotros los sacerdotes, pastores, y predicadores. No escondan su sabiduría, su carisma, y sean responsable en enseñarnos a nosotros cómo podemos servir mejor a Dios y a los hermanos. También desearía que nosotros los sacerdotes estemos abiertos y receptivos, al igual que Apolo, en ser enriquecido por la sabiduría y experiencia de estas parejas.

Es muy notable que Pablo, el gran misionero que viajó por todo el Imperio Romano a dar testimonio de Jesús, pasó por lo menos cinco años con Aquila y Priscila. Pablo no solo se preocupa por la multitud de creyentes, sino también por los individuos, como por este hombre y esta mujer. Su vida con este matrimonio ciertamente enriqueció a cada uno de ellos en su fe y su compromiso misionero. La colaboración estrecha de Pablo con Aquila y Priscila son particularmente significantes en la colaboración entre parejas y sacerdotes en nuestras parroquias. Es un ejemplo conmovedor en las primeras Iglesias ver como el grande misionero Pablo, buscó el apoyo y la cooperación de un matrimonio en su misión. Priscila y Aquila son un modelo para cada matrimonio cristiano y juntos con Pablo, pueden ser los patronos especiales de todos los matrimonio de la comunidad.

 

LAS TRES SITUACIONES DE LA UNICA MISION

Juan Pablo II, en la carta encíclica Redemptoris Missio distingue tres situaciones, dejando en claro que "las diferencias en cuanto a la actividad dentro de esta misión de la Iglesia, nacen no de razones intrínsecas a la misión misma, sino de las diversas circunstancias en las que ésta se desarrolla" R.Mi. 33.

 

UNA MISION, TRES SITUACIONES

 

A QUIENES SE DIRIGE

 

 

 

 

MISION AD GENTES

LOS NO CRISTIANOS

"pueblos, grupos humanos, contextos socioculturales donde Cristo y su Evangelio no son conocidos" R.Mi. 33.

"se dirige a grupos y ambientes no cristianos, debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial. Por tanto, se caracteriza como tarea de anunciar a Cristo y a su Evangelio, de edificación de la Iglesia local, de promoción de los valores del Reino". R.Mi. 34.

 

 

ATENCION PASTORAL

LOS CRISTIANOS

"comunidades cristianas con estructuras eclesiales adecuadas y sólidas; tienen un gran fervor de fe y de vida; irradian el testimonio del Evangelio en su ambiente y sienten el compromiso de la misión universal". R.Mi. 33

 

 

NUEVA EVANGELIZACION

LOS CRISTIANOS ALEJADOS

"donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio". R.Mi. 33

 

Juan Pablo II, luego de distinguir estas situaciones, afirma sin embargo que no es fácil delimitarlas entre sí y que existe interdependencia entre ellas:

"Por lo demás, no es fácil definir los confines entre atención pastoral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados. No obstante, es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio y por la fundación de nuevas Iglesias en los pueblos y grupos humanos donde no existen, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia, que ha sido enviada a todos los pueblos, hasta los confines de la tierra. Sin la misión ad gentes, la misma dimensión misionera de la Iglesia estaría privada de su significado fundamental y de su actuación ejemplar.

Hay que subrayar, además, una real y creciente interdependencia entre las diversas actividades salvíficas de la Iglesia: cada una influye en la otra, la estimula y la ayuda. El dinamismo misionero crea intercambio entre las Iglesias y las orienta hacia el mundo exterior, influyendo positivamente en todos los sentidos. Las Iglesias de antigua cristiandad, por ejemplo, ante la dramática tarea de la nueva evangelización, comprenden mejor que no pueden ser misioneras respecto a los no cristianos de otros países o continentes, si antes no se preocupan seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa". R.Mi. 34.

 

DESAFIOS MISIONEROS DE NUESTRA DIOCESIS

Juan Pablo II ha planteado en la encíclica Redemptoris Missio, puntos 33 y 34, que en la única misión de la Iglesia se dan las siguientes situaciones:

Si hacemos un análisis superficial podríamos concluir que en nuestra diócesis se dan sólo las situaciones "atención pastoral" y "nueva evangelización", pero antes de afirmaciones contundentes en ese sentido es útil considerar los ámbitos de la misión ad gentes, que el Santo Padre especifica en el número 37 y 38 de la mencionada encíclica:

AMBITOS

DE LA MISION "AD GENTES"

COMPRENDEN:

 

 

 

AMBITOS

TERRITORIALES

"especialmente en Asia, pero también en África, América Latina y Oceanía, hay vastas zonas sin evangelizar; a pueblos enteros y áreas culturales de gran importancia en no pocas naciones no ha llegado aún el anuncio evangélico y la presencia de la Iglesia local. Incluso en países tradicionalmente cristianos hay regiones confiadas al régimen especial de la misión ad gentes, grupos y áreas no evangelizadas. Se impone pues, incluso en estos países, no sólo una nueva evangelización sino también, en algunos casos, una primera evangelización". R.Mi. 37.

 

 

 

 

 

 

 

 

MUNDOS Y

FENOMENOS

SOCIALES

NUEVOS

LAS MEGALOPOLIS

"Lugares privilegiados (de la Misión Ad Gentes) deberían ser las grandes ciudades, donde surgen nuevas costumbres y modelos de vida, nuevas formas de cultura, que luego influyen sobre la población". R.Mi. 37.

LOS JOVENES NO CRISTIANOS

"¿Cómo hacer llegar el mensaje de Cristo a los jóvenes no cristianos, que son el futuro de Continentes enteros? Evidentemente ya no bastan los medios ordinarios de la pastoral; hacen falta asociaciones e instituciones, grupos y centros apropiados, iniciativas culturales y sociales para los jóvenes. He ahí un campo en el que los movimientos eclesiales modernos tienen amplio espacio para trabajar con empeño". R.Mi. 37.

LAS MIGRACIONES

"los no cristianos llegan en gran número a los países de antigua cristiandad, creando nuevas ocasiones de comunicación e intercambios culturales, lo cual exige a la Iglesia la acogida, el diálogo, la ayuda y, en una palabra, la fraternidad. Entre los emigrantes, los refugiados ocupan un lugar destacado y merecen la máxima atención". R.Mi. 37.

SITUACIONES DE POBREZA INTOLERABLE

"La comunidad de los creyentes en Cristo se ve interpelada por estas situaciones inhumanas: el anuncio de Cristo y del Reino de Dios debe llegar a ser instrumento de rescate humano para estas poblaciones". R.Mi. 37.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AREAS

CULTURALES O

AREÓPAGOS

MODERNOS

-EL MUNDO DE LA COMUNICACION

"Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios". R.Mi. 37.

-COMPROMISO POR LA PAZ, EL DESARROLLO Y LA LIBERACION DE LOS PUEBLOS.

-LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DE LOS PUEBLOS

-LA PROMOCION DE LA MUJER Y DE LOS NIÑOS

-LA SALVAGUARDIA DE LA CREACION

-LA CULTURA

-LA INVESTIGACION CIENTIFICA

-LAS RELACIONES INTERNACIONALES

-EL "RETORNO RELIGIOSO"

"Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumístico, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad , el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración... Este fenómeno así llamado del « retorno religioso » no carece de ambigüedad, pero también encierra una invitación. La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 14, 6). Es la vía cristiana para el encuentro con Dios, para la oración, la ascesis, el descubrimiento del sentido de la vida". R.Mi. 38.

 

Si analizamos con cuidado estas definiciones, podemos ver que en nuestra diócesis, en nuestras parroquias, surgen y crecen ámbitos ad gentes.

Por todo lo expresado, la actividad misionera en nuestras comunidades debe atender a las tres situaciones y aunque suene redundante, debe hacerlo con espíritu misionero.

 

 

 

 

LA NECESIDAD DE LA ANIMACION MISIONERA

"Miembros de la Iglesia en virtud del bautismo, todos los cristianos son corresponsales de la actividad misionera". R.Mi. 77.

Para suscitar y sostener el espíritu misionero de nuestras comunidades es necesario que la atención pastoral de las mismas incluya la animación misionera, con una adecuada información y formación. En palabras del Santo Padre:

"La formación misionera del Pueblo de Dios es obra de la Iglesia local con la ayuda de los misioneros y de sus Institutos, así como de los miembros de las Iglesias jóvenes. Esta labor ha de ser entendida no como algo marginal, sino central en la vida cristiana.

Las Iglesias locales, por consiguiente, han de incluir la animación misionera como elemento primordial de su pastoral ordinaria en las parroquias, asociaciones y grupos, especialmente los juveniles.

Para conseguir este fin, es valiosa ante todo la información mediante la prensa misionera y los diversos medios audiovisuales" R.Mi. 83.

 

Es la comunidad comprometida la que llevará a cabo tanto la Nueva Evangelización como la misión Ad Gentes, es por ello que afirmamos que la atención pastoral, que la sostiene y alimenta con la Palabra y los Sacramentos, con la formación y la espiritualidad, debe incluir la Animación Misionera para que toda esa riqueza no se pierda, sino para que los cristianos seamos luz y sal para el mundo.

 

LA MISMA ANIMACIÓN ES UN DESAFÍO

En una ocasión, llegó un circo a un pueblo y un hombre decidió llevar a su pequeño hijo a presenciar el espectáculo. Y no se arrepintió porque Tomasito disfrutó a pleno todos los actos: se asombró con los acróbatas, se rió a carcajadas con los payasos... Pero lo que más lo sorprendió fue la actuación de Tor, el elefante. Era la primera vez que veía un animal tan grande y tan fuerte y observaba deslumbrado las demostraciones de habilidad y fuerza de esa mole.

Su padre lo había notado tan entusiasmado que al salir de la función habló con uno de los encargados y les permitieron acercarse al lugar donde estaba Tor.

Tomasito estaba contento y quería tocar al elefante pero su padre se lo impidió a pesar de que el domador le dijo que no había peligro.

Allí permanecieron unos minutos. Tomás observó la formidable arquitectura de esa montaña viviente hasta que se detuvo en un detalle que lo dejó pasmado: Tor estaba sujeto con una soga atada a su pierna y a una estaca clavada en la tierra.

Su papá no supo explicarle cómo ese animal tan fuerte permanecía atado con una cuerda que podría arrancar fácilmente. Entonces el viejo domador le guiñó un ojo al padre, se agachó hasta ponerse a la altura de la cabeza de Tomás y le dijo en voz baja:

Tomás abrió los ojos sorprendido, miró a su padre y volvió a mirar al domador, quién continuó.

Nuestras comunidades corren el riesgo de acostumbrarse a no tener una actitud y un espíritu misioneros y, como ese gran elefante, no se darse cuenta de que pueden romper la soga que las ata. La animación misionera busca despertar esa actitud y ese espíritu, presentes en nuestros corazones por el Bautismo y la Confirmación.

Equipo Diocesano de Pastoral Misionera - San Martín -