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Carta
pastoral de los obispos argentinos con ocasión de la Misión Continental
aprobada por la 153ª Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia
Episcopal Argentina
(20 de agosto de 2009)
A los sacerdotes, diáconos, comunidades religiosas, fieles laicos
1. El acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una
invitación a renovar nuestro ardor apostólico y nuestro fervor. Cada uno
de nosotros sabe lo que es “evangelizar” y lo que implica esta vocación
en la Iglesia. Pues “anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que
su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el
poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la
tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de
todas las pruebas” (DA 30).
2. Pero es cierto que siempre en la Iglesia hay una novedad. Y la
novedad está dada por los desafíos que nos marca el tiempo presente, la
época que estamos viviendo. Esta es la maravilla de la presencia del
Espíritu en la Iglesia. El Espíritu siempre sopla para encontrar lo
nuevo en lo ordinario, renovando lo cotidiano, porque es Cristo el que
hace nuevas todas las cosas: “yo estoy por hacer algo nuevo: ya está
germinando, ¿no se dan cuenta?” (Is. 43, 19).
3. Y lo que hay de nuevo es el Espíritu, que sopla en este tiempo en
la Iglesia de nuestro Continente. ¿Y qué nos dice el Espíritu? ¿Qué nos
viene soplando? La necesidad de renovar (hacer nuevo) nuestro estilo
evangelizador. Alcanzar un renovado estilo misionero, pues “la fuerza de
este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado,
con las actitudes del Maestro, teniendo siempre la Eucaristía como
fuente y cumbre de toda actividad misionera” (DA 363). La Iglesia en
América Latina, reunida en el Santuario de Aparecida en mayo de 2007,
nos viene a decir que la novedad está en definir la identidad cristiana
desde la única vocación de discípulos y misioneros de Jesucristo.[1]
4. Uno podría entender que son dos vocaciones distintas: que uno es
primeramente discípulo y después, si se siente llamado, será misionero.
Como si esta última fuera una segunda vocación, y en todo caso,
optativa. Sin embargo Aparecida intenta que los cristianos descubran que
por el bautismo tenemos una única vocación discipular y misionera al
mismo tiempo, que el discipulado nos lleva a la misión y la misión nos
modela como discípulos. Sin negar un camino pedagógico, pero
descubriendo la unidad de una misma vocación de discípulos misioneros,
como dos caras de una misma moneda.
5. Este es el gran desafío en este tiempo. Cómo renovar nuestras
opciones pastorales desde la perspectiva misionera, transmitiendo que
hay una sola vocación de discípulos misioneros. Y este desafío es para
las comunidades diocesanas, parroquiales y para todas las áreas y
ámbitos pastorales. Como decíamos en Navega mar adentro: “Tenemos por
delante la apasionante tarea de hacer renacer el celo evangelizador, en
el horizonte exigente y comprometido de la pastoral ordinaria.” (NMA
70).
6. Mucho se habló en torno a la Vª CG en Aparecida, sobre la
implementación de una Misión Continental. Parecía que iban a surgir
orientaciones concretas para un camino misionero en todo el continente.
Pero, en una acertada decisión, no apareció junto al Documento
Conclusivo, ningún esquema metodológico que ayude a implementarla al
mismo tiempo, de la misma manera y orgánicamente en todo el continente.
7. La propuesta de Aparecida es más audaz, va más allá de una misión
programática aunque no la excluye. La Misión que propone Aparecida no
está limitada en el tiempo, sino pensada de forma tal que después que se
inicie continúe, que sea una misión permanente. No se trata de programar
una serie de acciones, aunque no lo descarta, sino el comienzo de algo
con proyección indeterminada.
8. Por tal motivo fue madurando una acentuación en la necesidad de
una “conversión pastoral” y un estilo misionero en toda actividad
pastoral ordinaria. Esto no significa que no se hagan gestos misioneros
concretos, pero queda claro que la Misión Continental no debe terminarse
en ellos.
9. Por lo tanto hablar de Misión Continental es decir al mismo tiempo
dos cosas:
§ trabajar en una “conversión pastoral” que lleve a un estado de
misión permanente, a partir de la pastoral ordinaria,
§ y realizar misiones organizadas que encarnen y hagan visible este
renovado estilo misionero.
10. Esto permite que cada Iglesia particular pueda adecuar su camino
misionero vinculándolo con las prioridades pastorales que se vienen
trabajando. Así la misión no aparece como punto de partida sin tener en
cuenta el camino anterior, sino que viene a potenciar y renovar lo que
se está haciendo. [2]
11. Destacamos que el comienzo de este camino misionero renovado,
coincide con la proclamación del Año Sacerdotal, convocado por Benedicto
XVI, y siguiendo el testimonio del santo Cura de Ars. Esta iniciativa ya
está dando sus frutos de gozoso fervor en los sacerdotes, compartido
plenamente con los fieles laicos.
12. Igualmente tenemos en cuenta que el anuncio de la verdad de
Jesucristo es y será siempre “signo de contradicción”. Hoy abundan
modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del
hombre. Anunciar integralmente a Jesucristo en nuestros días exige
coraje y espíritu profético, conscientes que la fe deberá engendrar
modelos culturales alternativos para la sociedad actual.
En continuidad con “Navega mar
adentro”
13. Esta urgencia de renovar la identidad cristiana haciéndola
discipular misionera, Aparecida la vincula con un cambio interior,
presentado como conversión pastoral. [3] ¿Qué se entiende por conversión
pastoral? No hay dudas que si hablamos de “conversión”, este término
está vinculado a “errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes”[4]
pastorales que hay que abandonar para que la transmisión del Evangelio
sea más fecunda.
14. La conversión pastoral se expresa en la firme intención de asumir
el estilo evangélico de Jesucristo en todo lo que hacemos. Estilo que
exige, del evangelizador, la acogida cordial, la disponibilidad, la
pobreza, la bondad y la atención a las necesidades de los demás. (cfr.
Mt 10, 5-10) Por este motivo la conversión pastoral tiene que tocar la
pastoral ordinaria, empezando por la parroquia, las capillas, las
comunidades, la catequesis, la celebración de los sacramentos, las
estructuras diocesanas, decanales, etc. Y es allí, en nuestra tarea
pastoral ordinaria, donde debemos reconocer que hay “estructuras
caducas” y que es necesario abandonarlas, para favorecer la transmisión
de la Fe.
15. En la tarea pastoral ordinaria la gran “conversión pastoral” pasa
por el modo de relacionarse con los demás. Es un tema “relacional”.
Importa el vínculo que se crea, que permite transmitir “actitudes”
evangélicas. Como Jesús en el encuentro con el ciego de Jericó, que lo
llamó, le abrió un espacio para que compartiera su dolor, le devolvió la
vista, y así finalmente, en un vínculo nuevo, el ciego “lo siguió por el
camino” (cfr. Mc 10, 46 – 52)
16. La Iglesia ha ido acentuando esta característica pastoral. Con la
llegada del Tercer Milenio, Juan Pablo II sorprende a todos convocando a
la Iglesia a un “camino programático pastoral”[5] sostenido por una
espiritualidad de comunión que lleva a la santidad. El modelo está en
las relaciones trinitarias que fundamentan una eclesiología de comunión.
En ella el prójimo “es un don para mí”,[6] ya que me transmite el
resplandor de amor trinitario que esconde su corazón. La riqueza del
hermano enriquece al evangelizador. Por eso en esta etapa evangelizadora
más que hablar de “destinatarios” de la misión, tenemos que pensar en
“interlocutores” con los cuales encontrarnos para testimoniar a Cristo
en un diálogo e intercambio enriquecedor.
17. La pastoral, entonces, parece desarrollarse en lo vincular, en
las relaciones, para que los programas pastorales no terminen siendo
“máscaras de comunión”. Aquí importa en primer lugar lo que es previo a
cualquier programa o acción. Antes de la organización de tareas, importa
el “como” las voy a hacer, el modo, la actitud, el estilo. Así entonces
las tareas son herramientas de un estilo comunional, cordial,
discipular, que transmite lo fundamental: la bondad de Dios.
18. Los obispos en Argentina así lo entendimos también y el documento
pastoral “Navega mar adentro”, del año 2003, sigue el camino inspirado
por Juan Pablo II en la intención de “hacer de la Iglesia casa y escuela
de comunión” (NMA 83). El documento de Aparecida continúa con esta
perspectiva, dándole una dimensión misionera, ya que todo agente
pastoral transmite la fe a partir de la propia persona. Cada cristiano
está llamado a dar testimonio de la bondad de Dios con sus propias
actitudes, siguiendo las enseñanzas del Apóstol: “Tengan entre ustedes
los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2, 5).
19. La misión lleva al encuentro personal para transmitir a Cristo.
La misión es relación, es vínculo. No hay misión si no me relaciono con
el prójimo. La misión necesita de la cercanía cordial. Y el desafío,
desde esta cercanía, es llegar a todos sin excluir a nadie.
20. En esta cercanía misionera Aparecida confirma la importancia y la
valoración de la religiosidad popular. Camino privilegiado en América
latina que nos lleva a descubrir lo que ya hay de Dios en el corazón de
nuestros pueblos, “el precioso tesoro de la Iglesia Católica en América
Latina”.[7]
Nuevo punto de partida
21. Para saber cuál tiene que ser el estilo misionero que debemos
implementar hay que partir de una mirada de la realidad con espíritu de
Fe y descubrir algunos elementos esenciales. Como la cuestión social,
que “abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas
humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de
la existencia” (HB 25). O el “crecimiento del individualismo y el
debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios” (HB 25).
22. Por este motivo no sorprende que la Vª CG tenga como telón de
fondo el desafío de ayudar a plenificar la vida, a tener una vida más
digna, bajo el lema “para que los pueblos en Él tengan Vida”. Y hoy,
fundamentalmente, en nuestra cultura la dignidad de la vida se juega en
el eje inclusión – exclusión; comunión – aislamiento. Y este pasa a ser
el horizonte primero de la misión.
23. El Papa Benedicto XVI presenta estos desafíos y da pistas de
reflexión en el discurso inaugural[8]. Y dice: ¿Qué nos da Cristo
realmente? ¿Por qué queremos ser discípulos de Cristo? Porque esperamos
encontrar en la comunión con él la vida, la verdadera vida digna de este
nombre, y por esto queremos darlo a conocer a los demás, comunicarles el
don que hemos hallado en él.[9] En un tiempo donde la sociedad, en su
conjunto, se ha vuelto impersonal, competitiva y, a veces hasta
despiadada… la gente busca y necesita de lugares de acogida y de
confianza.
24. Esta necesidad y reclamo parece ser respondido por Benedicto XVI
al dar el marco de la Vª CG en el Discurso inaugural, cuando dice:
“Todavía nos podemos hacer otra pregunta: ¿Qué nos da la fe en este
Dios? La primera respuesta es: nos da una familia, la familia universal
de Dios en la Iglesia católica. La fe nos libera del aislamiento del yo,
porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y
como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de
unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este
sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe
cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para
enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9).”
25. De esta manera la tarea de la Misión Continental en nuestro país
puede concretarse en una pastoral de la Fe.[10] Una Fe que ayuda a
dignificar la Vida en Cristo desde una experiencia concreta de inclusión
y comunión. Teniendo en cuenta que “La relación que une al
discípulo-misionero con Jesús no es, en primer lugar, de orden
intelectual, sino la adhesión a su Persona por la fe.”[11]
Acciones destacadas.
26. En continuidad con el camino metodológico de “Navega mar adentro”
presentamos finalmente algunas acciones destacadas para este tiempo de
renovación misionera que están en estrecha vinculación con las del
documento pastoral.
a) Alentar un estilo misionero
en la pastoral orgánica y diocesana, en especial desde la Parroquia[12]
27. Para que la Misión no quede sólo en un gesto misionero, el gran
desafío es el de renovar la pastoral ordinaria desde un nuevo estilo
misionero. Para ello es fundamental poner la mirada en la Parroquia como
institución pastoral privilegiada en la tarea evangelizadora. Dice el
Documento de Aparecida: “La renovación de las parroquias, al inicio del
tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red
de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus
miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de
Jesucristo en comunión.”(DA 172)
28. Debemos retomar con energía el proceso de la reforma y conversión
de nuestras parroquias. Cada parroquia ha de renovarse en orden a
aprovechar la totalidad de sus potencialidades pastorales para llegar
efectivamente a cuantos le están encomendados (NMA 72). Para esto es
fundamental acoger cordialmente a quienes se acercan a nuestras
comunidades. Será una ocasión para ofrecer el rostro cordial de la
Iglesia y aprovecharlas como lo que son: encuentros privilegiados para
la evangelización (NMA 90, a.). Como la misión comienza en el gesto
cordial y cercano para dar testimonio personal de Cristo debemos hacer
de la Iglesia «casa y escuela de comunión» (NMA 83).
b) Priorizar una pastoral
misionera desde la catequesis de iniciación
29. Es conocida por todos la mayor dificultad que hay hoy en la
transmisión familiar de la Fe. En algunas regiones o ciudades, muchos
niños llegan a la catequesis sin saber hacer la señal de la cruz y se
difiere el bautismo de los niños por variados motivos (NMA 90).
30. Así uno puede encontrar, en algunos barrios no cercanos a un
templo parroquial o capilla, muchos niños sin bautizar. Y si no hay
bautismo no está el vínculo primero y más simple con la Iglesia que es
la pertenencia a ella como una familia (NMA 77).
31. Por eso hay que pensar en cómo encarar una decidida pastoral
bautismal, donde la invitación, a partir del anuncio del Kerygma, sea la
de ofrecer el bautismo para quien no lo tiene o invitando a no diferirlo
por más tiempo en los niños pequeños.
32. La novedad misionera debe estar en agregar a la preparación pre-bautismal,
una pastoral post-bautismal, donde la Iglesia haga visible que se hace
cargo de los hijos que engendra. Que este camino post-bautismal oriente
y acompañe a la culminación de la catequesis de iniciación en la
Confirmación y Eucaristía (NMA 73). Esta pastoral bautismal debe atender
también la celebración litúrgica del sacramento, donde se experimente de
verdad que es la comunidad eclesial quien recibe a sus nuevos miembros.
33. La novedad misionera de esta pastoral con ocasión de la
catequesis de iniciación, también está en el desafío de sostener a lo
largo de la vida la conciencia de la vocación bautismal de discípulos
misioneros, ayudando a desarrollar el potencial misionero que hay en
cada bautizado (NMA 76).
34. Si el objetivo central de la catequesis de iniciación es llevar a
las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo y a una inserción
en la vida de la comunidad, para ello el primer espacio de encuentro con
El será el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de
Jesucristo vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.[13]
c) Promover el compromiso
misionero hacia una sociedad justa y responsable. Pastoral Familiar y
Doctrina Social de la Iglesia.
35. Los obispos en Argentina hemos decidido también tener el
Bicentenario (2010 – 2016) como meta y objetivo evangelizador. La Misión
Continental en Argentina no puede estar separada de este acontecimiento,
teniendo en cuenta que su celebración se da en un espacio de tiempo de 6
años. Esto permite trabajar desde la Doctrina Social de la Iglesia en un
camino formativo y de compromiso con la construcción de la sociedad y en
especial poniendo énfasis en la pastoral familiar y educativa, como se
prioriza en Navega mar adentro (NMA 97; HB 32).
36. La misión, desde esta perspectiva, debe ayudar a revertir la
carencia importante de participación de los cristianos, y la ciudadanía
en general, como agentes de transformación de la vida social, económica
y política del país, alentando el paso de habitantes a ciudadanos
responsables (HB 34).
37. La misión es, también, salir “como buenos samaritanos, al
encuentro de las necesidades de los pobres y los que sufren y crear las
estructuras justas que son una condición sin la cual no es posible un
orden justo en la sociedad” (DA 537) y desde aquí proyectar, “como
prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo
integral de todos”. (HB 5)
d) Expandir procesos misioneros
permanentes
38. Junto con la renovación misionera de la pastoral ordinaria, habrá
que extender la presencia misionera, al modo de un proceso permanente,
incluyendo aquellas acciones puntuales que ayuden a encender y mantener
vivo el ardor misionero. No podemos contentarnos con esperar a los que
vienen. Por tanto, imitando al Buen Pastor que fue a buscar a la oveja
perdida, una comunidad evangelizadora se siente movida continuamente a
expandir su presencia misionera en todo el territorio confiado a su
cuidado pastoral y también en la misión orientada hacia otros pueblos (NMA
90, b).
39. Este es el ámbito que más reclama una pastoral de conjunto
diocesana. Es el obispo junto a todo el presbiterio, los religiosos y
religiosas, y los fieles laicos, quienes deciden cuáles van a ser las
características de esta misión ya que es un servicio a la Iglesia toda,
a la diócesis. Todos tienen que participar con gestos misioneros
comunes: parroquias, comunidades eclesiales de base,[14] movimientos
laicales, comunidades educativas en todos sus niveles, pastorales
específicas, grupos de lectura orante de la Palabra de Dios siguiendo el
itinerario de la Lectio Divina,[15] etc.
40. Para hacer visible esta opción misionera puede ayudar tener
gestos y signos compartidos, como ser:
- el tríptico obsequiado por el Papa Benedicto XVI en Aparecida,
acompañado de una sencilla catequesis sobre su simbología de fe;
- la oración de la Misión Continental preparada con textos del
magisterio de Benedicto XVI en Aparecida;
- el logo utilizado en Aparecida puede seguir siendo distintivo para
los misioneros y para los subsidios que se preparen para esa labor;
- a estos signos pueden asociarse otros actos inspirados y
simultáneos relacionados con solemnidades litúrgicas, como Navidad,
Pascua o Pentecostés, o fiestas Marianas.
Conclusión
41. Aparecida provoca una revisión del estilo evangelizador.
Redescubre que la misión (relación con el otro para compartir la fe en
Cristo) es fundamental en la identidad cristiana, dando prioridad a las
actitudes y al estilo evangelizador.
42. Por ello es necesario un camino de “conversión pastoral”,
buscando cambiar el modo de transmitir el Evangelio reconociendo que el
Espíritu Santo está en el origen de todo camino de Fe.
43. Hoy más que nunca se espera de todo agente evangelizador la
conciencia de esta vocación de discípulos misioneros. El vínculo con
Jesús en la dimensión discipular se hace vínculo misionero con los
hermanos para presentarles el amor y la bondad de Dios.
43. Teniendo en cuenta la presencia de la Iglesia y sus enseñanzas en
la construcción de nuestra patria y en el horizonte de la celebración de
su Bicentenario (2010 – 2016) nos encomendamos a nuestra madre, la
Virgen de Luján, para renovar nuestro compromiso misionero y transmitir
el Evangelio de Cristo para “que todos en Él tengan Vida”.
153ª Reunión de la Comisión Permanente
Buenos Aires, 20 de agosto de 2009
en memoria de San Bernardo
Siglas:
DA:
“Aparecida. Documento Conclusivo.”
CELAM, Mayo de
2007.
Oficina del
Libro de la CEA
HB: “Hacia un
Bicentenario en Justicia y Solidaridad”
Conferencia
Episcopal Argentina, Noviembre de 2008.
Oficina del
Libro de la CEA
NMA: “Navega
mar adentro”
Conferencia
Episcopal Argentina, Mayo de 2003.
Oficina del
Libro de la CEA
Notas
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[1] Aparecida.
“Documento Conclusivo”. CELAM, Mayo de 2007. “Discípulos y misioneros de
Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan Vida. -Yo soy el
Camino, la Verdad y la Vida- (Jn 14, 6); Oficina del Libro de la CEA,
Buenos Aires, 2007.
[2] “Valoramos
el camino pastoral que realizan las Iglesias particulares con sus nuevos
planes y proyectos. Por ello, agradecemos la entrega generosa de los
sacerdotes y diáconos, nuestros principales colaboradores, de los
consagrados y consagradas, de los agentes pastorales y de todas las
comunidades cristianas. Con ustedes deseamos seguir abiertos al impulso
del Espíritu, que nos viene de Aparecida, para renovar el entusiasmo de
ser discípulos misioneros de Jesucristo. De la mano de María, fiel
discípula y servidora, queremos llevar vida plena a nuestro pueblo.”
Declaración de los obispos al término la 95ª Asamblea Plenaria de la
Conferencia Episcopal Argentina. (Pilar, 12 de abril de 2008)
[3] Aparecida.
“Documento Conclusivo”. Nº 365 y ss.
[4] Juan Pablo
II, “Tertio millennio adveniente”, Nº 33; 1994.
[5] Juan Pablo
II, Carta Apostólica “Novo milenio ineunte”, Nº 42, párr. b; 2001,
[6] Idem, Nº
43, párr. b.
[7] Aparecida
“Documento Conclusivo”, Nº 258 – 265.
[8] “En el
mundo de hoy se da el fenómeno de la globalización como un entramado de
relaciones a nivel planetario. Aunque en ciertos aspectos es un logro de
la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la
unidad, sin embargo comporta también el riesgo de los grandes monopolios
y de convertir el lucro en valor supremo. Como en todos los campos de la
actividad humana, la globalización debe regirse también por la ética,
poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y
semejanza de Dios.
En América
Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se ha evolucionado
hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de
gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían
superadas, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de
la sociedad, como nos enseña la doctrina social de la Iglesia. Por otra
parte, la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de
tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales
que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso
expoliados de los propios bienes naturales.” (cfr. Benedicto XVI,
“Discurso Inaugural”, nº 2, párr. 2-3)
[9] cfr.
Benedicto XVI, “Discurso Inaugural”, nº 3, párr. 4
[10] “La
MISIÓN debe encarar la “pastoral de la fe” y está centrada en torno a
tres ejes: la predicación, la catequesis, la piedad popular. A su vez la
Misión debe tener dos ejes transversales: la animación bíblica de toda
la pastoral, una fuerte espiritualidad mariana.” Mons. Luis Villalba,
“Navega mar adentro – Aparecida y la Misión Continental”, Presentación
en la 95ª Asamblea Plenaria, abril 2008.
[11] Idem.
[12] Cfr.
Aparecida, “Documento Conclusivo”, Nº 170 – 177.
[13] Cfr.
Aparecida, “Documento Conclusivo”, Nº 246.
[14]
Aparecida, “Documento Conclusivo”, Nº 178-179
[15]
Aparecida, “Documento Conclusivo”, Nº 249 |
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QUE ES LA
MISION CONTINENTAL
La Misión Continental,
compromiso surgido de Aparecida, no es un ejercicio
misionero aislado sino una opción misionera que pretende
renovar la comunidad eclesial en su conjunto.
Es un envío (“misión”) personal y
eclesial que el Señor Jesús hace a todos y cada uno en
la Iglesia para que, animados por el Espíritu Santo,
compartamos el Evangelio con cada persona, especialmente
con los que se han alejado de la comunidad de la
Iglesia, que también ofreceremos respetuosamente a no
creyentes, a quienes se confiesan agnósticos y ateos.
Cuando hablamos de misión Continental
nos referimos a un proceso misionero, que puede tener
varios años de duración y que, a partir de un encuentro
personal y comunitario con el Señor Jesús, se propone
poner a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia en un
estado permanente de misión
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Objetivos de la Misión
La propuesta de
la Misión Continental presenta los
siguientes objetivos:
-
Promover una profunda
conversión personal y pastoral de todos los
agentes pastorales y evangelizadores, para
que, con actitud de discípulos, todos
podamos recomenzar desde Cristo una vida
nueva en el Espíritu.
-
Fomentar una formación
kerigmática, integral y permanente que,
siguiendo las orientaciones de Aparecida,
impulse una espiritualidad de la acción
misionera, teniendo como eje la vida plena
en Jesucristo.
-
Hacer que las
comunidades, organizaciones, asociaciones y
movimientos eclesiales se pongan en estado
de misión permanente, a fin de llegar hasta
los sectores más alejados de
la Iglesia y a los indiferentes
y no creyentes.
-
Destacar en todo momento
que
la
Vida plena en Cristo es una
actitud y un servicio que se ofrece a la
sociedad y a las personas que la componen
para que puedan crecer y superar sus dolores
y conflictos con un profundo sentido de
humanidad
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El Plan considera que estos
objetivos se tienen que alcanzar al desarrollarse 5
etapas que pueden variar en el tiempo, según las
realidades de cada Conferencia Episcopal y diócesis. Las
etapas planteadas son a) Período introductorio, donde se
daría una profundización en el conocimiento de las
Conclusiones de Aparecida; b) Misión con agentes
pastorales y evangelizadores; c) Misión con grupos
prioritarios; d) Misión sectorial y e) Misión
territorial. La comisión considera que cada una de estas
etapas tiene que tener un período de preparación, uno de
realización intensiva, y una continuidad, que es lo que
dará el carácter permanente a la misión.
Las Conferencias Episcopales, por su
parte, darán las orientaciones pastorales en clave de
misión para que todas las circunscripciones
eclesiásticas del país entren en estado de misión
permanente. Deberán crear una comisión para la
coordinación de la misión y ofrecer subsidios tanto para
la formación de los misioneros como de los contenidos de
la misión. Todo ello en coordinación con los planes
pastorales nacionales que ya están en ejecución.
Mientras tanto las diócesis tendrán
que revisar sus planes pastorales a la luz de Aparecida
a fin de darle una gran renovación misionera que
contemple, como signo de madurez, la misión ad gentes.
También crearán una comisión central que se encargue de
animar la misión diocesana y, entre otras funciones,
elaborarán los subsidios que crean pertinentes para la
formación de los agentes pastorales y evangelizadores
para la realización del proyecto misionero.
El plan en sus detalles será
presentado a
la Presidencia del
CELAM para que lo socialice y estudie en reuniones
futuras con los Presidentes y los Secretarios Generales
de las Conferencias Episcopales.
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PLEGARIA DE LA MISIÓN CONTINENTAL
Quédate con
nosotros, Señor,acompáñanos, aunque no siempre
hayamos sabido reconocerte.
Tú eres la
Luz en nuestros corazones, y nos das tu ardor
con la certeza de la Pascua.
Tú nos confortas en la fracción del pan, para
anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú
has resucitado y nos has dado la misión de ser
testigos de tu victoria.
Quédate con
nosotros, Señor, Tú eres la Verdad misma, eres
el revelador del Padre, ilumina Tú nuestras
mentes con tu Palabra; ayúdanos a sentir la
belleza de creer en ti.
Tú que eres
la Vida, quédate en nuestros hogares para que
caminen unidos, y en ellos nazca la vida humana
generosamente; quédate, Jesús, con
nuestros niños y convoca a nuestros jóvenes para
construir contigo el mundo nuevo.
Quédate,
Señor, con aquellos a quienes en nuestras
sociedades se les niega justicia y libertad;
quédate con los pobres y humildes, con los
ancianos y enfermos.
Fortalece
nuestra fe de discípulos siempre atentos a tu
voz de Buen Pastor.
Envíanos
como tus alegres misioneros,
para que nuestros pueblos, en ti adoren al
Padre, por el Espíritu Santo.
A María, tu
Madre y nuestra Madre, Señora de Guadalupe,
Mujer vestida de Sol, confiamos el Pueblo de
Dios peregrino en este inicio del tercer milenio
cristiano.
Amén.
(Tomado del magisterio
de Benedicto XVI
en Aparecida) |
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Misa por el Año
Sacerdotal y la Misión
Continental
Homilía de monseñor
Luis H. Villalba,
arzobispo de Tucumán y
vice presidente primero
del Episcopado en el
Santuario Nacional de
Nuestra Señora de Luján
en el marco de la 98°
Asamblea Plenaria de los
obispos argentinos para
rezar por el Año
Sacerdotal y la Misión
Continental (Luján, 11
de noviembre de 2009
Queridos
Hermanos:
1. La Providencia de
Dios quiso que el camino
pastoral que venimos
recorriendo como Iglesia
en la Argentina,
orientado por Navega Mar
Adentro, fuera
confirmado por la
Conferencia de
Aparecida.
El Documento de
Aparecida nos dice:
“Hoy, toda la Iglesia en
América Latina y El
Caribe quiere ponerse en
estado de misión” (nº
213). Y más adelante
expresa: “Esta firme
decisión misionera debe
impregnar todas las
estructuras eclesiales y
todos los planes
pastorales de diócesis,
parroquias, comunidades
religiosas, movimientos
y de cualquier
institución de la
Iglesia” (nº 365).
Hoy el Episcopado
Argentino llega hasta la
Basílica de Luján para
depositar a los pies de
Nuestra Madre este
compromiso de animar y
llevar adelante la
Misión Continental, que
busca poner a la Iglesia
en estado permanente de
misión.
2. En el Evangelio que
acabamos de escuchar
Jesús dijo a sus
discípulos: «Crucemos a
la otra orilla» (4,35).
Es interesante meditar
este texto evangélico.
Jesús, después de pasar
cuarenta días en el
desierto, comienza su
ministerio público.
Enterado de que Juan el
Bautista había sido
arrestado, se retiró a
Galilea (cf. Mt. 4,12).
Allí va recorriendo la
región proclamando el
Evangelio, obrando
milagros y llamando a
los discípulos. Galilea
es el lugar donde Jesús
enseñó, hizo caminar al
paralítico, le dio la
vista al ciego,
multiplicó los panes,
calmó la tempestad en el
lago.
Jesús eligió a Cafarnaún
como lugar de
residencia, allí tenía
su casa. “Y, dejando
Nazaret, se estableció
en Cafarnaún”, dice el
Evangelio (Mt. 4,13). Y
desde ese momento
Cafarnaún sería su
ciudad, como dice Mateo:
“Y regresó a su ciudad”
(Mt. 9,1), refiriéndose
a Cafarnaún.
Cafarnaún era una ciudad
bastante populosa y
situada en el centro de
la región. Desde
Cafarnaún recorría toda
la Galilea. Dice san
Marcos que “mientras
Jesús estaba comiendo en
su casa, muchos
publicanos y pecadores
se sentaron a comer con
él y sus discípulos;
porque eran muchos los
que lo seguían” (Mc.
2,15).
Así Jesús estaba en “su
ciudad” (Cafarnaún) y en
“su casa”, lugar
familiar, tranquilo,
seguro, conocido, y
decide “cruzar a la otra
orilla”.
“Cruzar a la otra
orilla” es dejar su
“hogar”, su ciudad, su
“casa”. “Cruzar a la
otra orilla” es dejar la
seguridad. La barca es
insegura, se mueve.
“Cruzar a la otra
orilla” es enfrentarse
con el peligro y las
amenazas del mar:
“Entonces se desató un
fuerte vendaval, y las
olas entraban en la
barca, que se iba
llenando de agua” (Mc.
4,37).
“Cruzar a la otra
orilla” es ir a otro
territorio: a la región
de Gerasa, que pertenece
a la Decápolis, a otra
cultura, a gente pagana
(Mc. 5,1).
Al llegar a la otra
orilla del Mar, en
Gerasa, Jesús cura al
hombre poseído por un
espíritu impuro. La
curación del poseso es
signo de la llegada del
Reino. Jesús es el
enviado de Dios que trae
al mundo la salvación (Mc.
5,2-20).
3. También a nosotros se
nos está pidiendo
“cruzar a la otra
orilla”.
La razón de esta
travesía es la salvación
de todos los hombres:
“Vayan y hagan que todos
los pueblos sean mis
discípulos” (Mt. 28,19);
“Vayan por todo el
mundo, anuncien la Buena
Noticia a toda la
creación” (Mc. 16,15).
A este compromiso de
anunciar el Evangelio a
todos los hombres
estamos llamados todos
los bautizados. El deber
misionero nace de la
misma fe. Esto cuesta,
provoca resistencias. Es
poner en práctica el
estilo pastoral que
acabamos de ver en
Jesús.
El Documento de
Aparecida nos habla de
“conversión pastoral y
renovación misionera de
las comunidades” (cf. nº
365). Conversión
pastoral es dejar
nuestra casa, nuestro
grupo, lo conocido,
nuestra seguridad, y
decidirnos a “cruzar a
la otra orilla”. Es
subirse a la barca, que
es siempre insegura, es
enfrentarse con las
amenazas del mar y es
adentrarnos en otro
territorio en búsqueda
de otra gente.
Ciertamente se trata de
cristianos alejados de
la Iglesia, que no se
sienten Iglesia, y a los
que necesitamos salir a
buscar y proponerles a
Jesús.
“Cruzar a la otra
orilla” es salir a las
periferias territoriales
y existenciales adonde
habitualmente no
llegamos. No podemos
contentarnos haciendo lo
que siempre hicimos.
Debemos preguntarnos si
Dios no nos está
pidiendo abrir nuevos
caminos pastorales. En
este sentido, una simple
“pastoral de
conservación” no alcanza
(cf. DA 370).
La comunidad parroquial
y todas las comunidades
y grupos deben no sólo
reunirse con los
"propios", sino abrirse
a todos y realizar
encuentros con la gente
alejada de la vida de la
Iglesia. Deben mantener
un diálogo con las
diversas realidades
sociales y culturales.
Se trata de que la
parroquia y las otras
comunidades, además de
alimentar la vida
cristiana de los fieles,
como ciertamente lo
hacen, evangelicen
también a las personas y
a los sectores alejados
de la fe y de la
práctica cristiana.
Pero esta acción no se
puede considerar como
una “parte” de la
pastoral, una de las
muchas cosas que hay que
hacer; se trata, más
bien, de un objetivo que
afecta y condiciona la
vida entera de la
comunidad en todas sus
tareas. Dicho de otro
modo: la pastoral debe
enfocarse en todos los
sectores y en todas las
acciones desde la
perspectiva de la
evangelización
misionera.
Se necesita el coraje de
Cristo para “cruzar a la
otra orilla”. ¿Cómo no
pensar en tantas
personas que habiendo
recibido el Bautismo, no
comparten con nosotros
el compromiso y la
alegría de la vida
eclesial y de la
“practica” de la fe?
La Iglesia nos está
llamando a que asumamos
con “un dinamismo nuevo”
nuestra responsabilidad
con el Evangelio y con
la humanidad. Se nos
está pidiendo
disponernos a la
evangelización y no
encerrarnos en nuestras
comunidades. Se nos está
pidiendo echar una
mirada sobre el vasto
mar del mundo a fin de
que todo hombre
encuentre a Jesucristo,
como el sanado de Gerasa.
Hoy, la Iglesia necesita
hacer un esfuerzo
importante para
presentar la fe
cristiana de un modo
atrayente. Para ello hay
que revitalizar la
propia comunidad
cristiana renovando
actitudes, y purificando
las estructuras caducas.
Y, además, hay que
descubrir los caminos
más aptos para comunicar
la Buena Noticia.
Renovarse para
evangelizar mejor: esto
es lo que hoy dice el
Espíritu a la Iglesia.
Mons.
Luis Héctor Villalba,
arzobispo Tucumán
Fuente: AICA |
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