Abramos las puertas a Jesucristo
Misión Diocesana - Año 2000 - Diócesis de Azul (Buenos Aires, Argentina)
En el Gran Jubileo de este año 2000 celebramos a "Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre" (Heb 13,8). Conocerlo, fortalece y alimenta nuestra fe, confirma nuestra vocación de bautizados, miembros de la Iglesia, y nos ayuda a recibir las numerosas gracias del Año Santo.
Este Catecismo-Devocionario ofrece 10 encuentros referidos a los acontecimientos de nuestra vida, vividos también por Jesús y su Familia según el relato del Evangelio. ¡Es verdad que Dios hecho hombre compartió plenamente nuestra historia humana, con sus alegrías y sufrimientos!
Los encuentros están organizados para realizarlos en familia o en grupos comunitarios (capilla, centros de oración, parroquia). Pueden ser completados con cantos, otros textos de la Palabra de Dios o documentos de la Iglesia referidos al tema, el aporte de otras reflexiones personales según los textos leídos o experiencias de vida, otras oraciones, ya formuladas o espontáneas, la elección de un compromiso de vida orientado a un mayor crecimiento en la fe o en la caridad, etc.
Encuentro 1: Les traemos una Buena Noticia
Encuentro 2: Jesús iba creciendo
Encuentro 3: Jesús trabajó con manos humanas
Encuentro 4: Jesús fue bautizado
Encuentro 5: Jesús participó de una fiesta
Encuentro 6: Jesús amó con corazón humano
Encuentro 7: Jesús nos dejó su Cuerpo y Sangre
Encuentro 8: Jesús murió en la cruz por nosotros
Encuentro 10: La madre de Jesús es también nuestra Madre
Encuentro 1: Les traemos una Buena Noticia
¡Ha nacido nuestro Salvador!
De nuestra vida: Todo nacimiento siempre trae alegría
Nos dice la Palabra de Dios: Pero el Angel les dijo (a los pastores): No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2,10-12).
Reflexionamos: Jesús nació de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. El es el verdadero hombre sin dejar de ser verdadero Dios. El viene a nuestra historia de todos los días, comparte nuestras cosas, preocupaciones y anhelos, nos ofrece su amistad y se solidariza con nosotros.
Rezamos: Gracias Jesús porque querés compartir todas las situaciones de nuestra vida.
Nos dice Juan Pablo II: (en el Nº 52 del Documento "Iglesia en América) "La solidaridad se expresa en el amor del cristiano que busca el bien de los otros, especialmente del más necesitado".
Encuentro 2: Jesús iba creciendo
Todos quedaban admirados de él.
De nuestra vida: ¡qué hermoso es ver crecer a un niño, en conocimiento, en estatura y en afectos!
Nos dice la Palabra de Dios: "Volvieron a su ciudad de Nazareth, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él" (Lc 2,39-40)
Reflexionamos: ¡Qué bueno es vivir en familia! Nos ayuda a crecer, a compartir, a amar, a desarrollar nuestras capacidades como lo hizo Jesús en la familia de Nazareth.
Rezamos: Jesús, te pedimos que todos los niños tengan la posibilidad de crecer en una familia, crecer en sabiduría, ser respetados y amados.
Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: Por su sumisión a María y a José así como por su humilde trabajo durante largos años en Nazareth, Jesús nos da el ejemplo de la santidad en la vida cotidiana de la familia y del trabajo. (CIC 564)
Encuentro 3: Jesús trabajó con manos humanas
Trabajó como todos los hombres.
De nuestra vida: ¿Pensamos que el trabajo es una bendición de Dios o una carga para nosotros? ¿Valoramos todo tipo de trabajo honesto?
Nos dice la Palabra de Dios: "Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: ¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?... Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo" (Mc 6,2-3)
Reflexionamos: Jesús de Nazareth es reconocido como el carpintero, el hijo de María. Así trabajando mostró que era verdaderamente hombre. El trabajo es bendición de Dios, eleva y desarrolla la dignidad del hombre, lo realiza como persona.
Rezamos: Pensemos en tantos hermanos nuestros desocupados y pidamos por ellos al Padre. Rezamos el Padrenuestro
Nos dice Juan Pablo II: Ante las altas tasas de desempleo... y ante las duras condiciones en que se encuentran no pocos trabajadores, es necesario valorar el trabajo como dimensión de la realización y de dignidad de la persona humana. (Iglesia en América Nº 54)
Encuentro 4: Jesús fue bautizado
Jesús quiso ser bautizado.
De nuestra vida: ¿Por qué los padres quieren bautizar a sus hijos? ¿Se nota en nuestra forma de vivir que somos bautizados?
Nos dice la Palabra de Dios: "En aquellos días, Jesús llegó desde Nazareth de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre El como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: Tu eres mi Hijo muy querido, en tí tengo puesta toda mi predilección" (Mc 1,9-11)
Reflexionamos: Jesús fue bautizado por Juan en el Río Jordán. En ese momento se oyó una voz del cielo: "Este es mi Hijo muy querido". Con esto, Dios quiere decirnos que Jesús es su Hijo. Jesús, verdadero hombre, es también verdadero Dios porque es el Hijo de Dios. Jesús quiso recibir el Bautismo para darnos un ejemplo, y por humildad. Aunque no tenía pecado, asume el pecado del mundo. Nosotros, al recibir el bautismo renacemos a una vida nueva y se produce un cambio en nuestro interior: nos convertimos en hijos de Dios.
Rezamos: Creo en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor. Creo en Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Creo en Jesús, Hijo de Dios Padre.
Nos dicen nuestros Obispos: El Bautismo contiene una fuerza indescriptible: Dios nos hace hijos suyos, y nos da siempre la fortaleza necesaria para crecer cada día en humanidad y vivir cristianamente. La providencia de Dios cuida a cada uno de sus hijos con amor.. (Líneas Pastorales Nº 50)
Encuentro 5: Jesús participó de una fiesta
A todos nos gusta participar de una fiesta.
De nuestra vida: ¿Qué acontecimientos festejamos? ¿Cómo nos preparamos? ¿Con qué ánimos nos disponemos a participar?
Nos dice la Palabra de Dios: Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino". Había allí seis tinajas de piedra que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua esas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora", agregó Jesús," y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos que hizo Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. (Jn 2,1-11)
Reflexionamos: Jesús y sus discípulos participaban con alegría de un casamiento. De pronto surgió un imprevisto: se acabó el vino. María, la madre de Jesús, se dio cuenta de lo que sucedía; se solidarizó con los novios y le pidió a su Hijo Jesús que los ayudara. Jesús intervino y convirtió el agua de las tinajas en buen vino. Así continuó la alegría de la fiesta. Este fue su primer signo. Jesús nos muestra que un cristiano tiene que ser alegre y manifestar a los demás esa alegría. La verdadera alegría es compartir con los demás los acontecimientos de la vida.
Rezamos: Señor Jesús, tú viviste en una familia feliz. Te pedimos que nuestra casa sea un hogar cálido, alegre y dichoso a pesar de las dificultades. Que la alegría brille en nuestros ojos y que sepamos compartir esta dicha con los demás.
Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: Se alegre el corazón de los que buscan a Dios. Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. (CIC Nº 30)
Encuentro 6: Jesús amó con corazón humano
Lloró por la muerte de su amigo Lázaro.
De nuestra vida: ¿Con qué gestos o actividades manifestamos nuestro amor por los demás, en nuestra familia, trabajo o con los vecinos?
Nos dice la Palabra de Dios: Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días. Al ver llorar a María y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: "¿Dónde lo pusieron?". Le respondieron: "Ven Señor, y lo verás". Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: "Cómo lo amaba!". (cfr. Jn 11,1-44)
Reflexionamos: Jesús demostró su amor a sus amigos estando atento a la situación dolorosa que ellos vivían. Se acercó, acompañó, se conmovió, lloró por la muerte. Mostró su corazón de hombre. Luego realiza el milagro de la resurrección de Lázaro mostrando su poder de Dios.
Rezamos: Danos, Señor, un corazón misericordioso como el tuyo, que sepamos sufrir con el que llora, consolar al triste, alegrarnos con el que ríe. Te agradecemos que nos hayas mostrado tu corazón de hombre y te pedimos que mirándolo nos humanicemos más.
Nos dice Juan Pablo II: La caridad fraterna implica una preocupación por todas las necesidades del prójimo. Convertirse al Evangelio, para el pueblo cristiano, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común. (Iglesia en América Nº 27)
Encuentro 7: Jesús nos dejó su cuerpo y sangre
Los entregó como alimento.
De nuestra vida: ¿Cómo alimentamos nuestro cuerpo? ¿Cómo desarrollamos nuestra inteligencia? ¿Cómo cuidamos y alimentamos nuestro espíritu?
Nos dice la Palabra de Dios: Lo que recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: "Este es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía". Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que El vuelva. (cfr. 1Cor 11,23-26)
Reflexionamos: La víspera de su muerte - el Jueves Santo - antes de ser apresado, Jesús se reunió con sus apóstoles para su cena de despedida: la Ultima Cena. En esa cena, Jesús convirtió el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre y los entregó como comida, como alimento. Y les dejó a los apóstoles el mandato de repetir este gesto al decirles: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19). Hoy, en cada Misa que celebramos, el sacerdote repite los mismos gestos y palabras de Jesús, haciéndolo presente entre nosotros. Al recibir su Cuerpo y su Sangre nos unimos más íntimamente a Él, nos fortalecemos espiritualmente y crecemos en fraternidad y solidaridad. De ahí la importancia y la necesidad de participar de la Misa cada domingo - día del Señor - alimentándonos al escuchar su Palabra y al recibir su Cuerpo y Sangre.
Rezamos: Por alimentarnos con tu Palabra, por alimentarnos con tu Cuerpo y Sangre, por los sacerdotes que te hacen presentes entre nosotros... ¡gracias Jesús! Te pedimos, Jesús, que nos des fuerza para participar de la Misa, porque así crecemos unidos, como verdaderos hijos de Dios.
Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: Por la Eucaristía, compartimos realmente el Cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la comunión con El y entre nosotros. (CIC Nº 790)
Encuentro 8: Jesús murió en la cruz por nosotros
Se entregó para salvarnos, por amor.
De nuestra vida: Todos tenemos experiencia de lo que significa la muerte de un ser querido. Ante esta realidad: ¿qué pensamos? ¿Cómo nos sentimos? ¿Cómo obramos?
Nos dice la Palabra de Dios: Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del cráneo", en hebreo, "Gólgota". Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: "Tengo sed". Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu". (Jn 19,17-18.28.30)
Reflexionamos: Jesús murió en la cruz para salvarnos, para obtener el perdón de nuestros pecados, para devolvernos la amistad con Dios. Muere por amor a todos los hombres y así nos da una vida nueva. Jesús con su muerte en la cruz, nos ayuda a llevar nuestras cruces diarias (la enfermedad, la soledad, el abandono, la falta de trabajo, nuestro carácter y debilidades). Le da sentido a nuestra propia muerte y a la muerte de los demás.
Rezamos: Jesús, ayúdame a llevar mi cruz, esa cruz que es una parte de la tuya. Quiero llevarla con amor, como Vos, aunque a veces cansado, dolorido y aplastado por ella. Te la ofrezco por todos aquellos que llevan una cruz sin Vos.
Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, los amó hasta el extremo, porque nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los amigos. (CIC Nº 609)
El vive en medio de nosotros.
De nuestra vida: Habremos tenido momentos de profunda alegría, de paz, de felicidad. ¿Qué acontecimientos nos han proporcionado esta alegría? ¿El nacimiento de un niño? ¿La vida de familia? ¿Ayudar a otros? ¿Compartir una amistad?
Nos dice la Palabra de Dios: Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo". Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen algo para comer?". Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. (Lc 24,36-43)
Reflexionamos: Jesús murió en la cruz, pero al tercer día resucitó y vive para siempre, glorificado junto al Padre. No lo vemos, pero su Espíritu está presente en el mundo y entre nosotros; está presente en cada Misa. Como los apóstoles, la resurrección de Jesús nos llena de una gran alegría, porque también nosotros, por el bautismo, ya hemos comenzado una vida nueva. Esta vida nueva es creer en Jesús y vivir en el amor, fraternidad, perdón, justicia, paz. Hasta que nos encontremos definitivamente con El en el cielo y resucitados vivamos plenamente felices. En cada Misa que celebramos los cristianos, se hace presente, aquí y ahora, el sacrificio de Jesús: su muerte y resurrección.
Rezamos: Gracias Señor Jesús porque con tu muerte y resurrección nos diste una vida nueva para que brille en nosotros la esperanza de la resurrección. Que sepamos llevar al mundo el mensaje de felicidad y de alegría de tu presencia entre nosotros. ¡Demos testimonio de Jesús resucitado en actos de justicia, de paz, de perdón y de amor al prójimo!
Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: Por su muerte Jesús nos libera del pecado, por su resurrección nos abre el camino a una vida nueva. Esta es la justificación que nos devuelve la gracia de Dios a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos, así también nosotros vivamos una vida nueva.. (CIC Nº 628)
Encuentro 10: La Madre de Jesús es también nuestra Madre
La recibimos como Madre al pie de la cruz.
De nuestra vida: ¡Qué dicha tan grande que María sea nuestra Madre!
Nos dice la Palabra de Dios: Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, con su hermana María, mujer de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego le dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19,25-27)
Reflexionamos: Jesús estaba clavado en la cruz. En ese momento tan solemne, Jesús confía su Madre a su discípulo Juan. Con este gesto, Jesús entrega a su madre como Madre de todos los hombres. El cristiano que recibe a María en su casa, como lo hizo Juan, recibe a Jesús y su mensaje de salvación. María, como Madre, nos acompaña e intercede por nosotros delante de Jesús. Con confianza acudamos a ella en todas nuestras necesidades.
Rezamos: Saludemos a nuestra Madre y pidamos por nosotros rezando el Ave María... Gracias Jesús por darnos a tu Madre como Madre nuestra
Nos dice Juan Pablo II: María es un camino seguro para encontrar a Cristo. Ella dijo: "Hagan todo lo que El les diga" (Jn 2,5)