Cómo vivir el Octubre Misionero

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En vistas a una mejor reflexión y celebración del Octubre Misionero, se propone una estructura que organiza al mes en cuatro temas, uno por cada semana:

1º Semana: Oración

1.- Aproximación a la experiencia de oración: 

La oración es un diálogo entre amigos, entre Dios y tú, o Dios y nosotros, ya que puede ser personal y comunitaria. Los caminos de ese diálogo pueden ser distintos: la meditación (utiliza la memoria, el entendimiento y la voluntad, dirigidas hacia el amor de Dios), la contemplación (la mirada del alma puede hacer pausa, detenerse y encontrar placer), por repetición (la oración de Jesús, donde se busca que el corazón se haga más central en la manera de responder, pues el contenido no cambia; el rosario), y otras. No termines bruscamente esta conversación con Dios, agradece esta experiencia de encuentro.

2.- El diálogo como experiencia de oración:

Preparación: 

Aquí es muy importante la actitud inicial, ¿cómo me dispongo internamente para el diálogo? Es importante pedir al Espíritu Santo su asistencia (es Él quien ora en nosotros). Preparar es también saber qué se va a orar (personal – comúnmente); es decir, escoger de antemano algún texto de la Biblia, si voy a orar en un sitio específico, en fin, no perder tiempo en estas cosas externas para estar centrado en la experiencia de oración y estar atentos a la voz del Espíritu Santo.

 

b) La oración misma (experiencia del diálogo): 

Ocurren dos cosas en la oración, lo que yo – nosotros / hago – hacemos y lo que se me ofrece puedo hacer en el diálogo, tal como: salmos, lecturas, cantos, puedo meditar, contemplar, entre otras cosas..., más el segundo aspecto que es lo que me ocurre ó nos ocurre, la gracia que Dios nos da en este momento. Sin embargo es importante discernir las nociones de gracia por las que somos arrastrados a Dios, de las nociones de los sentidos (el diálogo va más allá de los sentimientos, los sentidos pueden engañarnos, somos un simple punto de partida) o del mal espíritu por lo que somos apartados de Dios. El diálogo enriquece, si es verdadero.

c) El examen: 

El diálogo debe llevarnos a un enriquecimiento personal – comunitario, de la experiencia de Dios, de oración. Tomando los dos aspectos que ocurren en el diálogo podemos analizarnos. Este examen permite ir detectando cómo el Señor va trabajando en mí la personalidad de Jesús:

 Lo que he hecho... 

Lo que ha pasado... 

¿el lugar me sirvió,... 

¿cómo me fue en el diálogo? 

¿La posición corporal me ayudó? 

Aburrido – alegre, otro. 

¿Aproveché el silencio – ruido interior – exterior? 

Otros aspectos...

LA ORACIÓN DE JESUS

El mismo afianzamiento de confidencia de Jesús, se encuentra en el momento de comunión intensa con el Padre, expresado por Jesús en la oración. Jesús de hecho, es un hombre de oración. En el momento del bautismo Jesús recibe el Espíritu mientras ora (Cfr. Lc 3,21); después de una intensa jornada de predicación llena de dedicación para con los enfermos, en la mañana, antes de emprender su nueva actividad, Jesús se retira a orar (Mc 1,35).

El pasa una noche en oración, antes de la escogencia de los Doce (Lc 6,12); Ora antes de efectuar algún milagro (Jn 11,41s); se introduce en la oración en cualquier momento significante y decisivo para sí y para su misión: la Transfiguración (Lc 9,28), cuando enseña el Padre Nuestro (Lc 11,1), la negación de Pedro (Lc 22, 31-39).

Sobre todo, antes de la Pasión, cuando junto al momento supremo de su donación redentora, Él ora más intensamente encontrando en la oración el sentido de fe y de abandono, llevándolo a cumplir con la voluntad del Padre (Mc 14, 35s).

La oración ilumina el ritmo de la vida de Jesús y de su jornada, como un tiempo de paz y de preocupación interior (Mc 6,46), dando así, una mayor y personal intimidad con el Padre de quien se deriva el sentido del amor y la verdad. El aplica nuevo vigor a la misma oración y nueva claridad para continuar fielmente el desarrollo de la misión confiada por el Padre.

 

 

En la semana de oración por las misiones, estaremos unidos espiritualmente con todos los que están proclamando el evangelio, muchas veces dando sus propias vidas. La oración debe ser el vínculo primordial de la vida del cristiano, así como la eucaristía es el centro de la vida cristiana, la oración, es quien motoriza toda la acción. Con nuestra oración, podemos ayudar a nuestro hermanos y hermanas que están en dificultades, en soledad, sufriendo enfermedades, incomprensiones, y hasta frustraciones.

La oración de los enfermos misioneros unida a la de Cristo crucificado es también redentora. Es la que nos mantiene firme, en comunicación y sobre todo en comunión. A ejemplo de María Reina de las Misiones, que junto con los Apóstoles oran sin cesar.

Esta semana sugerimos lo siguiente para que nuestra oración tenga el sentido universal y misionero.

1.- Proponer jornadas de oración con los grupos de pastoral. 

2.– Rosarios misioneros. 

3.– Colocar la intención misional del santo Padre el Papa Juan Pablo II en un lugar visible, para que la comunidad ore. 

4.– Horas santas por las misiones. 

5.– Cadenas de oración simultáneas con las comunidades. 

6.– Recurrir a los monasterio y conventos de clausura para que oren por las misiones especialmente durante el mes. 

7.– Rezar la oración del Domund en cada misa.

 

 

2º Semana: Cooperación misionera.

Durante esta semana, la Iglesia Universal expresa visiblemente su espíritu de desprendimiento y muestra su capacidad de entrega en forma material y espiritual; dando desde su pobreza. Razón teológica. “La cooperación misional forma parte de la solicitud misionera que los obispos, como miembros del colegio Episcopal y legítimos sucesores de los Apóstoles, juntamente con el Sumo Pontífice, deben tener por la Iglesia Universal, en virtud de la institución y mandato de Cristo”. El pensamiento está formulado con toda claridad. La empresa misionera es una responsabilidad que afecta, en primer término, al Colegio Episcopal en cuanto tal, dado que los obispos suceden al Colegio Apostólico y que al Colegio Apostólico encomendó Cristo, de manera solidaria y colegial, cono Pedro y bajo de Pedro, la evangelización de las naciones está confiada primariamente al episcopado católico. Es un empresa, colegial y solidaria, en la que deben sumarse todos los esfuerzos de los componentes del Colegio Episcopal. La evangelización, por estar confiada al cuerpo episcopal, ha de realizarse de manera coordinada. El Colegio Episcopal Toda la cooperación misional ha de realizarse ordenadamente. Este primer principio empalma cono la formulación del Motu proprio “Romanorum Pontificum” y con todo el proceso de coordinación que desde 1922 ha venido actuándose en el campo de la cooperación misional. No basta con cooperar a la evangelización. Hay que coordinar las fuerzas de la cooperación. Y a todo el Pueblo de Dios., que llamado desde su bautismo a dar testimonio y especialmente a colaborar en forma material y espiritual, con la extensión del Reino.

Sugerencia:

Durante la semana, se pueden realizar algunas jornadas de concientización sobre lo que podemos hacer para cooperar. 1.– Enviando cuadernos, lápices, y algunos texto escolares a nuestras tierras de misiones.

 

3º Semana: El sacrificio.

Durante esta semana ofrezcamos nuestro sacrificio en oraciones y muestras de desprendimiento personal. El sacrificio también se muestra en la pequeñas cosas, a ejemplo tenemos a los niños, niñas y adolescentes de la Infancia Misionera.

Pero la mejor muestra de sacrificio la ha dado Jesús dando la vida por nosotros. Y todo lo ha hecho por amor. Se sugiere que con imágenes de Jesús, se reflexionen los siguientes puntos (Jn. 15, 12 – 15).

Mi mandamiento es éste: Ámense unos con otros, como Yo los he amado. No hay amor más grande que éste: “DAR LA VIDA POR SUS AMIGOS”.

Ustedes son mis amigos si cumplen lo que le mando. Yo no les diré servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón.

Les digo amigos porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.

I.- Jesús dio toda su vida para que el Reino de Dios, ya plenamente presente en Él se acercara a todos los hombres. ¿Cómo se hace esto realidad?

II.- El dinamismo misionero de las primeras comunidades cristianas se expresa en dos manera concretas: en las responsabilidad de TODOS por la Evangelización y en el hecho de que el Espíritu suscita personas con dones particulares para el bien común, para que sea signos, recuerdo y estímulo permanente del común compromiso misionero. La comunidad entera se ponía en estado de misión y anunciaba la buena nueva a todas las personas por medio del envío de misioneros, por la oración y viviendo en comunidades. Existen muchas personas que te buscan, ¿Cómo te has dado y piensas darte a la construcción del Reino? 

Dios te Salve María – Canto Final.

 

 

4º Semana: La vocación

En la semana de la vocación resaltaremos la llamada que Dios hace a todos los cristianos para que su evangelio sea conocido en todas partes del mundo y del universo. Tomaremos para ello, el texto de su santidad Juan Pablo II sobre las vocaciones del 2002. Sugerencias: 

1.– Se pueden hacer jornadas de reflexión sobre el texto aplicándolo a la reflexión misionera de la Iglesia. 

2.– La vocación específica ad gentes para toda la vida, mostrarla como un don de Dios que reciben algunos de entre la comunidad para el servicio de toda la humanidad.

JUAN PABLO II

Si cada vocación en la Iglesia está al servicio de la santidad, algunas, sobre todo, como la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada lo son de modo especialísimo. Es a estas vocaciones a las que invito a mirar hoy con particular atención, intensificando su oración por ellas.

La vocación al ministerio sacerdotal "es esencialmente una llamada a la santidad, en la forma que brota del sacramento del Orden. La santidad es intimidad con Dios, es imitación de Cristo pobre, casto, y humilde; es amor sin reserva a las almas y donación al verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque tal es la misión que Cristo le ha confiado" (Pastores Dabo Vobis, 33). Jesús llama a los Apóstoles " para que estén con Él".(Mc 3,14) en una intimidad privilegiada (cfr Lc 8, 1- 2; 22, 28). No sólo los hace partícipes de los misterios del Reino de los cielos (Cfr Mt.13,16-18) sino que espera de ellos una fidelidad más alta y acorde con el ministerio apostólico al que les llama. Les exige una pobreza más rigurosa (Cfr. Mt 19, 22-23), la humildad del siervo que se hace el último de todos (cfr. Mt. 20, 25-27). Les pide la fe en los poderes recibidos (Cfr. Mt.17,19-21), la oración y el ayuno como instrumentos eficaces de apostolado (cfr. Mc 9, 29) y el desinterés: "Gratuitamente han recibido, den gratuitamente ". (Mt. 10, 8). De ellos espera la prudencia unida a la simplicidad y a la rectitud moral (cfr. Mt. 10, 26-28) y el abandono a la Providencia (Cfr. Lc 9, 1-3; 19, 22-23). No debe faltarles la conciencia de la responsabilidad asumida, en cuanto administradores de los sacramentos instituidos por el Maestro y operarios de su viña (cfr. Lc 12, 43-48).

Consagrados y consagradas, que viven "en el mismo corazón de la Iglesia como elemento decisivo para su misión" (Vita Consecrata, 3), muestren que su existencia está sólidamente radicada en Cristo, que la vida religiosa es "casa y escuela de comunión" (Novo Millennio Ineunte, 43), que en su humilde y fiel servicio al hombre aliente aquella "fantasía de la caridad" (ibid.,50) que el Espíritu Santo mantiene siempre viva en la Iglesia. ¡No olviden que en el amor a la contemplación, en el gozo de servir a los hermanos, en la castidad vivida por el Reino de los Cielos, en la generosa dedicación a su ministerio reside la fuerza de cada propuesta vocacional!

Las familias están llamadas a jugar un papel decisivo para el futuro de las vocaciones en la Iglesia. La santidad del amor esponsal, la armonía de la vida familiar, el espíritu de fe con el que se afrontan los problemas diarios de la vida, la apertura a los otros, sobre todo a los más pobres, la participación en la vida de la comunidad cristiana constituyen el ambiente adecuado para la escucha de la llamada divina y para una generosa respuesta de parte de los hijos.

 

La vida consagrada revela la íntima naturaleza de cada vocación cristiana a la santidad y la tensión de toda la Iglesia-Esposa hacia Cristo, "su único Esposo". "La profesión de los consejos evangélicos está íntimamente conectada con el misterio de Cristo, teniendo el deber de hacerlos presentes en la forma de vida que ellos elijan, añadiéndolo como valor absoluto y escatológico (Vita Consecrata, 29). Las vocaciones a estos estados de vida son dones preciosos y necesarios, que atestiguan también hoy el seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente, el testimonio del primado absoluto de Dios y el servicio a la humanidad en el estilo del Redentor representan caminos privilegiados hacia una plenitud de vida espiritual.

La escasez de candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada, que se registra en algunos contextos de hoy, lejos de conducirnos a exigir menos y a contentarse con una formación y una espiritualidad mediocres, debe impulsarnos sobre todo a una mayor atención en la selección y en la formación de cuantos, una vez constituidos ministros y testigos de Cristo, estén llamados a confirmar con la santidad de vida lo que anuncian y celebran.

3-. Es necesario poner en evidencia todos los medios para que las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, esenciales para la vida y la santidad del Pueblo de Dios, estén continuamente en el centro de la espiritualidad de la acción pastoral y de la oración de los fieles.

Los Obispos y presbíteros sean, primeramente los testigos de la santidad del ministerio recibido como don. Con la vida y la enseñanza muestren el gozo de seguir a Jesús, Buen Pastor y la eficacia renovadora del misterio de su Pascua de redención. Hagan visible con su ejemplo, de modo particular a las jóvenes generaciones, la entusiasmante aventura reservada a quien, sobre las huellas del Divino Maestro, elige pertenecer completamente a Dios y se ofrece a sí mismo para que cada hombre pueda tener vida en abundancia. (Cfr. Jn 10, 10).

4-. "Rueguen pues, al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies" ( Mt. 9,38; Lc 10, 2) En obediencia al mandato de Cristo, cada Jornada Mundial se caracteriza como momento de oración intensa, que compromete a la Comunidad cristiana entera en una incesante y fervorosa invocación a Dios por las vocaciones. ¡Qué importante es que las comunidades cristianas lleguen a ser verdaderas escuelas de oración (Cfr. Novo Millennio Ineunte, 33), capaces de educar en el diálogo con Dios y formar a los fieles en abrirse siempre más al amor con que el Padre "ha amado tanto al mundo hasta mandar a su Hijo unigénito" (Jn 3, 16)! La oración cultivada y vivida ayudará a dejarse guiar por el Espíritu de Cristo para colaborar en la edificación de la Iglesia en la caridad. En tal ambiente, el discípulo crece en el deseo ardiente que cada hombre encuentra en Cristo y alcanza la verdadera libertad de los hijos de Dios. Tal deseo conducirá al creyente, bajo el ejemplo de María, a estar disponible para pronunciar un "sí" lleno y generoso al Señor que le llama a ser ministro de la Palabra, de los Sacramentos y de la Caridad, o pueda ser signo viviente de la vida casta, pobre y obediente de Cristo entre los hombres de nuestro tiempo. El Dueño de la mies haga que no falten en su Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas! Padre Santo: mira nuestra humanidad, que da los primeros pasos en el camino del tercer milenio. Su vida sigue marcada fuertemente todavía por el odio, la violencia, la opresión, pero el hambre de justicia, de verdad y de gracia, encuentra espacio en el corazón de tantos, que esperan la salvación, llevada a cabo por Ti, por medio de tu Hijo Jesús. Necesitamos mensajeros animosos del Evangelio, siervos generosos de la humanidad sufriente. Envía a tu Iglesia, te rogamos, presbíteros santos, que santifiquen a tu pueblo con los instrumentos de tu gracia. Envía numerosos consagrados que muestren tu santidad en medio del mundo. Envía a tu viña, santos operarios que trabajen con el ardor de la caridad y, movidos por tu Espíritu Santo, lleven la salvación de Cristo hasta los últimos confines de la tierra. Amén.

 

Fuente: Página de la Infancia Misionera de Venezuela

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