CMSa 3  

3º Congreso Misionero de Salta (Argentina)

 

 "Iglesia de Salta, tu vida es misión!" 

Introducción
Temario y Justificación
Tema 1: Nuestro encuentro con Jesucristo vivo
Tema 2: La Iglesia, misterio de Comunión para la Misión
Tema 3: La Actividad Misionera de la Iglesia
Tema 4: Todos somos Misioneros
Tema 5: La misión, vida de la comunidad parroquial
Anexo I: El Camino Misionero en Salta

 

Instrumento Preparatorio

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TEMA 5

La misión, vida de la comunidad parroquial

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Objetivo:

Favorecer el compromiso de construir parroquias que sean centros dinamizadores de evangelización y que encuentren en la misión “ad gentes” su reto más importante para renovar permanentemente la vida de la comunidad cristiana.

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1.- Escuchemos el mensaje cristiano

Jesús, anunciando el Reino de Dios, suscitó alrededor de él un grupo de discípulos que acogieron la propuesta de la salvación (Mc 1,14-15), se unieron a él (Mc 1,16-20), escucharon sus palabras (Lc 11,27-28) y vieron las obras que hacía por el poder de Dios (Jn 2,1-11; Mc 1,32-34). Después de la muerte y resurrección de Jesús (Lc 24,13-35), y con el envío del Espíritu Santo (Hch 2,1-13), los discípulos de Jesús fueron paulatinamente distanciándose de Israel (Hch 8,1-3) y tomaron conciencia de ser comunidad en Jesús y de ser enviados (Mt 28,18-20). El Nuevo Testamento es testigo de las florecientes comunidades que, nacidas de las primeras misiones y apoyadas en la fe de los apóstoles, vivían gozosamente y en unidad el amor gratuito de  Dios (Hch 2,42-47; 4,32-35).

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La Iglesia ha tenido siempre conciencia de ser comunidad y de estar formada por comunidades. Dentro de estas comunidades, probablemente las más importantes son las parroquias. La palabra “parroquia” hace alusión a la casa provisional que se habita mientras se construye la casa definitiva.  A partir del siglo IV se llama “parroquia” a un territorio confiado a un sacerdote para que tenga su cuidado pastoral. El Concilio Vaticano II da una justificación de la distribución de la diócesis en parroquias: “el obispo no puede presidir personalmente a toda la grey en su Iglesia, siempre y en todas partes. Por eso, necesariamente debe constituir comunidades de fieles entre las que destacan las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo. Estas, en cierto modo, representan a la Iglesia visible establecida por todo el mundo” (SC 42).

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La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuyo cuidado pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como a su pastor propio.

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  • La parroquia es una comunidad de fieles, es la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos (ChL, 26).  Por eso, la parroquia se define a partir de la comunidad y no necesariamente del territorio ni del párroco.

  • En la parroquia nos conocemos como Iglesia y entramos en comunión con la Iglesia diocesana y, a través de ella, con la Iglesia universal.

  • La finalidad de la parroquia es la atención pastoral de los fieles.

  • La parroquia es una comunidad de comunidades constituidas por familias, jóvenes, niños, grupos apostólicos, etc. Estas comunidades hacen que la parroquia sea verdaderamente comunidad cristiana, como comunidad de comunidades (ChL, 26).

  • En cuanto centro de pastoral, la parroquia debe promover la acción evangelizadora integral. “La parroquia realiza una función en cierto modo integral de la Iglesia, ya que acompaña a las personas y familias a lo largo de su existencia, en la educación y crecimiento de su fe” (DP, 644).

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Es en ella donde se lleva a cabo la totalidad de la acción eclesial, algo que no ocurre en los movimientos eclesiales u otras agrupaciones religiosas. La parroquia se organiza como comunidad de creyentes, que evangeliza, celebra la fe y proyecta su servicio a los hombres y mujeres y a la sociedad.

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  • En la parroquia escuchamos y anunciamos la Palabra de Dios: a través de la catequesis, la predicación, la homilía, la formación en los distintos grupos y movimientos.

  • En la parroquia celebramos la fe: a través de la vivencia de la liturgia y los sacramentos.También se realizan otras manifestaciones religiosas comunitarias y de religiosidad popular a través de las cuales se expresa la fe (peregrinaciones, procesiones, vía crucis, celebraciones patronales, vigilias).

  • En la parroquia llevamos a cabo nuestros compromisos pastorales y de evangelización, allí es donde se realiza y se organiza el servicio y la solidaridad. En ella, la Iglesia puede asumir funciones samaritanas a través de servicios asistenciales de salud (clínicas, centros de salud), alimentación y desarrollo (proyectos de desarrollo rural y comunitario), de educación (talleres de promoción femenina y obrera, centros educativos, educación formal a diversos niveles) y de formación comunitaria, así como un espacio para la defensa y promoción de la vida a través de acciones de conciliación, defensa de la igualdad fundamental y de los derechos de los más pobres, etc.

  • En la parroquia se puede discernir y optar por quienes son los destinatarios que requieren una mayor atención por parte de la comunidad, y organizarse para responder a sus necesidades. De allí que surgen las diferentes pastorales (familiar, infantil, juvenil, indígena, educativa, de enfermos, de áreas marginales, y otras, según sea el caso), como formas de encarnación del mensaje para grupos de destinatarios especiales.

  • En la parroquia se desarrollan los servicios y ministerios que permitan realizar toda esta labor pastoral. La parroquia también es el lugar donde se articulan los movimientos y asociaciones laicales de servicio y de espiritualidad para que encuentren un espacio de realización de su carisma en la integralidad de la pastoral.

  • En la parroquia descubrimos que el anuncio de la Palabra no se dirige sólo al interior de la comunidad, la parroquia nos lanza a la misión ad gentes. Desde la Parroquia surgen misioneros de la Palabra que hacen lo que hacía Jesús: “Recorría todas las ciudades y los pueblos. Enseñaba en las sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y sanaba todas las enfermedades y violencias” (Mt 9,35)..

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2. Confrontamos el mensaje con la vida

La parroquia ha sido por mucho tiempo y es todavía hoy el lugar más importante de la realización de la pastoral de la Iglesia. Sin embargo, ha recibido en los años pasados muchas críticas, las principales, derivadas de la importancia que se le daba a la territorialidad y a la administración de los sacramentos, la heterogeneidad de los participantes en ella, la atención masiva a los fieles, la nueva situación social en la que se da mayor movilidad social, etc.

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La experiencia nos dice que muchas parroquias, hoy en día, no tienen un programa pastoral centrado en un proceso evangelizador,  como el que nos pide actualmente la Iglesia. Generalmente su actividad principal es cultual. Se atiende a pocas personas, un porcentaje mínimo de fieles que pertenecen a asociaciones y movimientos. En general hay una pastoral de masas que ocupa el mayor tiempo entre las actividades y que es básicamente sacramental. El sacerdote en muchas parroquias parece un funcionario que consume todo su tiempo en atender a una feligresía amorfa con servicios religiosos, sobre todo con los sacramentos que ellos piden y exigen sin pretender ninguna otra vinculación con la parroquia. El resto de su tiempo lo dedica a atender a ese pequeño porcentaje de fieles que pertenecen a asociaciones o movimientos parroquiales y en organizar eventos con el fin de obtener fondos. Algunas personas, al ver estas dificultades, “han aceptado demasiado fácilmente que la parroquia sea considerada como sobrepasada, si no destinada a su desaparición” (CT, 67).

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Incluso las parroquias donde se trabaja intensamente enfrentan en la actualidad muchos retos derivados de la situación actual, como los siguientes:

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  • El proceso de urbanización que ha creado conglomerados inmensos e imposibles de ser abarcados dentro de los límites de una parroquia y la artificialidad de los linderos o fronteras entre parroquias.

  • La incapacidad de atender el número cada vez más extenso de fieles por parte de pocos sacerdotes.

  • Muchos fieles optan por afiliarse y asistir más bien a la parroquia en donde reciben un cuidado pastoral que ellos consideran más adecuado o en donde ciertos servicios están mejor organizados. Se trata de parroquias “de elección”.

  • Los movimientos de población y las migraciones internas y externas hacen que las parroquias estén compuestas por diversidad  de personas, culturas, problemas e intereses sociales y políticos, los cuales multiplican las perspectivas y las expectativas actuales.

  • Para muchos otros, la pertenencia eclesial no se realiza a través de la parroquia sino a través de centros de acción pastoral de religiosos o religiosas y de movimientos de espiritualidad laical y que no se articulan con su parroquia para una pastoral de conjunto...

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De todos modos, como nos enseña muy claramente el Papa: “Quiérase o no, la parroquia sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano, incluso para los no practicantes. El realismo y la cordura piden pues, continuar dando a la parroquia, si es necesario, estructuras más adecuadas y sobre todo, un nuevo impulso” (CT, 67). Para renovar la parroquia, parece necesario subrayar los siguientes aspectos:

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  • La parroquia como comunidad cristiana: espacio que posibilite la vivencia de la salvación de Cristo en comunidad. Los aspectos administrativos y las estructuras deben estar al servicio de la experiencia de esta vivencia en comunidad. La parroquia debe ser un lugar de humanidad, donde todo lo humano, con su carga positiva y negativa, tenga cabida, acogida y aceptación.

  • La organización parroquial de la acción pastoral: dicha organización no debe recaer exclusivamente en el párroco, ni en uno o más movimientos muy activos. La comunidad entera debe responsabilizarse por elaborar una pastoral de conjunto para toda la parroquia, tomando en cuenta las diferencias entre personas y la variedad de situaciones y actuar con una pedagogía gradual que sea dinámica y de crecimiento cualitativo.

  • La planificación pastoral:  La parroquia debe elaborar un plan que responda a las necesidades de la comunidad y los diferentes grupos sociales y culturales que la conforman, plan que esté en comunión con los planes diocesanos. Este plan ayuda a integrar todas las fuerzas vivas de la parroquia en una pastoral unitaria, que evita improvisaciones y acciones fragmentarias.

  • La irradiación misionera permanente con el testimonio de vida, individual y comunitario, de forma espontánea y también organizadamente, en misiones evangelizadoras y en las visitas casa por casa.

  • La predicación del primer anuncio, la evangelización fundamental, y luego una catequesis de adultos, esta última generalmente en comunidades.

  • Un seguimiento en comunidades pequeñas, que se forman para hacer posible la vivencia comunitaria.

  • La participación en ministerios diversos, pero especialmente en la evangelización de otras personas, catequesis de jóvenes y adultos, cuidado y atención de las comunidades, liturgia, acción social, familias, jóvenes, de enfermos y otros.

  • Una atención especial a “la liturgia que es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (SC.10)

  • La adaptación de las estructuras parroquiales con la amplia flexibilidad que concede el Derecho Canónico, sobre todo promoviendo la participación de los laicos en las responsabilidades pastorales.

  • La importancia de la misión “ad gentes”, es decir, la importancia de llegar a todos los hombres y mujeres que no se constituyen en comunidad porque para ellos el cristianismo todavía no es buena noticia que se recibe con alegría. Entre ellos están los migrantes no cristianos que llegan a países de tradición cristiana, los marginados, los alejados, los no creyentes y, en general, los más necesitados (Cf Rmi 37). Sin embargo, la parroquia, lejos de mirar sólo dentro de su territorio, debe abrirse a la dimensión universal de la Iglesia y llevar el Evangelio más allá de sus propias fronteras, hacia otras parroquias, diócesis e incluso países.

 

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3. Propongamos qué debemos hacer con el mensaje cristiano

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1.- ¿Cuáles son las características de una parroquia abierta a la misión evangelizadora? ¿Son así nuestras parroquias?

2.- ¿Consideramos que nuestra parroquia es una comunidad “abierta” o cerrada”? ¿Por qué?

3.- ¿Qué lugar ocupa la animación y la actividad misionera ad gentes en los planes de pastoral de nuestras parroquias?

4.- ¿Qué debe cambiar en nuestra forma de hacer pastoral para tener parroquias permanentemente en misión? ¿Cómo impulsar las vocaciones misioneras en la vida parroquial y para la Iglesia universal?

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4. Celebremos la vida

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Canto de inicio. Sugerido: “Juntos como hermanos”

Pasaje bíblico que ilumine el tema.   He 2,42-47

Momento de reflexión personal.

 Oraciones espontáneas y respuesta de compromiso. Espontáneamente agradecemos al Señor por nuestras parroquias y por todo el trabajo que realizan y escogemos los signos más significativos que expresen su vitalidad. Los presentamos con nuestras peticiones confiadas, las cuales pueden ser alternadas por un estribillo de alguna canción de petición.

Padre Nuestro, Oración del CoMSa 3.

Canto final. Sugerido: “A edificar la Iglesia”

 

 

 

   

 

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